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Semanario Económico y Financiero de Cuba

¡Cuba va!, a pesar del bloqueo

Qué razón histórica, política o ideológica puede justificar este acoso económico, financiero y comercial que data de más de medio siglo y que, a fin de cuentas, perdura solo para complacer a la camarilla cubanoamericana anclada fundamentalmente en Miami y Nueva Jersey

El martes 13 de noviembre el Gobierno de Cuba, representado por su canciller Bruno Rodríguez Parrilla, presentó ante la Asamblea de las Naciones Unidas una resolución condenatoria del criminal bloqueo económico, financiero y comercial a que es sometido prácticamente desde el triunfo de la Revolución, y que en esta ocasión fue aprobado por 188 naciones, con solo el voto negativo de Estados Unidos, Israel y Palau, con las abstenciones de Islas Marshall y Micronesia.

Vergüenza debiera causarle a la mayor economía del mundo que quienes estuvieron la acompañaron o se abstuvieron, salvo Israel, son un conglomerado de islitas que entre todas suman apenas 340 000 habitantes y que hasta la década de los ‘90 dependieron (y lo siguen haciendo) de lo que el tío Sam disponga. En cuanto al Estado sionista, cualquier comentario sobra.

Para ser exactos, el bloqueo contra Cuba comenzó en 1961, al retirar Estados Unidos su embajador en La Habana, y fue ratificado en febrero del siguiente año mediante la Proclama Presidencial 3447 firmada por John F. Kennedy. En su discurso ante el plenario, el Ministro de Relaciones Exteriores cubano expresó: "Como consta en el informe del Secretario General, los daños económicos acumulados durante más de 50 años ascienden hasta el año 2011 a un billón sesenta y seis mil millones de dólares, calculados de manera rigurosa y conservadora sobre la base de la depreciación del dólar respecto al oro.

"Cualquier persona sensata podría imaginar los niveles de vida y de desarrollo que hubiéramos podido alcanzar de haber contado con esos recursos..."

La fruta que no maduró

En el propio 1959 ya la naciente Revolución comienza a recibir los latigazos de sicarios del régimen batistiano escapados de la justicia revolucionaria, y financiados por EE. UU., así como represalias de carácter comercial; por ejemplo, un año después la suspensión de la compra de azúcar y tabaco cubanos.

Empero, una lectura más honda de la historia latinoamericana desde el siglo XIX revela los objetivos de lo que pasaría a conocerse como "embargo" (término eufemístico empleado por los funcionarios yanquis) económico, financiero y comercial contra la Isla, modificado a tenor con la consolidación del proceso revolucionario y de acuerdo con su grado de impacto en América Latina y el Caribe.

La nación norteña no ha cejado en sus intentos por recuperar el control de un territorio que siempre consideró suyo. En 1823, el entonces presidente James Monroe dirigió una misiva al embajador estadounidense en España, en la que calificaba a Cuba y Puerto Rico como los "apéndices naturales" del continente norteamericano.

Aquel "destino manifiesto" preconizado por Monroe se fundamentaba en las ideas que en 1801 Thomas Jefferson resumió de manera tal que no hubo dudas: "Aunque nuestros actuales intereses nos restrinjan dentro de nuestros límites, es imposible dejar de ver lo que vendrá cuando nuestra rápida multiplicación se extienda más allá de dichos límites, hasta cubrir por entero el Continente Norte, si no es que también el del Sur, con gente hablando el mismo idioma y con leyes similares…"

Siglo y medio después, doblegar por cualquier vía a la primera revolución socialista en América Latina y el Caribe devino obsesión para la plutocracia imperial. Cómo aceptar que Cuba, que había pasado sin dilación del dominio español al estadounidense, asumiera bajo el indiscutible liderazgo de Fidel Castro una conducta tajantemente diferente al american way of life inculcado desde 1901 con la Enmienda Platt hasta el 31 de diciembre de 1958.

Tiene usted la palabra, mister President

Muy pronto se cumplirán tres años de que el presidente Barack Obama recibiera en el Auditorio Municipal de Oslo el Premio Nobel por la Paz, incomprensible en opinión de muchos por llevar apenas nueve meses en el cargo sin éxito diplomático, económico o social en su haber y lidiando con los conflictos bélicos de Iraq y Afganistán. Por cierto, la polémica decisión cobró fuerzas cuando poco después anunció el envío de 30 000 soldados más a este último punto con el fin de "terminar el trabajo" (sic).

Asimismo, a juicio de muchos el actual huésped de la Casa Blanca permanecerá otros cuatro años gracias a la incidencia que tuvo el voto latino y, por qué no, luego de que la fracción anticubana más virulenta de la Florida hubo de "degustar" el triunfo de Obama en ese decisivo estado. Sobre el particular, el presidente boliviano Evo Morales apuntó que "un reconocimiento de él -Obama- al apoyo que recibió de los latinos en los comicios del 6 de noviembre pasado debería ser levantar el bloqueo a la nación antillana".

De otro lado, el mandatario número 44 de Estados Unidos, que sin duda ha demostrado mucha más inteligencia que la mayoría de sus antecesores, debe comprender que tan cavernícola actitud hacia la Mayor de las Antillas ha fracasado de modo absoluto, pese a haber sido arreciada en los últimos años, como develara el canciller Bruno Rodríguez ante el plenario de la ONU: "Durante el Gobierno del presidente Obama, las multas por sanciones ascienden a 2 mil millones 259 732 dólares y duplican las correspondientes a ambos períodos de George W. Bush…"

Hoy no existe pretexto alguno que fundamente a la poderosa nación sustentar tan obcecado proceder, tendente a mantener en la picota pública el prestigio que hombres como Washington, Lincoln o Roosevelt ganaron en su momento para Estados Unidos de América.

El presidente Obama bien pudiera estar a la altura de esos próceres que le precedieron con solo dar muestras de valor e inteligencia para, de una vez por todas, poner fin al bloqueo contra la Isla y devolver a su patria a los cinco cubanos injustamente condenados a largas penas por monitorear la actividad terrorista de la mafia anticubana. 

Tras el resultado del pasado martes 13, basta echar una ojeada a los principales medios del planeta para advertir lo que a continuación reproduzco: "Los expertos coinciden que en su segundo y último mandato, el presidente Barack Obama tiene menos atadas las manos para poner fin al embargo contra Cuba…"

Nada más apropiado para concluir que lo expresado por el canciller cubano en esa histórica jornada: "El pueblo estadounidense, hacia el que Cuba guarda sentimientos de amistad y respeto, acaba de reelegir al presidente Barack Obama. Durante la campaña, este repitió decenas de veces que continúa siendo ‘el Presidente del cambio‘ y que ‘seguirá adelante‘.

"El presidente Obama tiene la oportunidad de iniciar una nueva política hacia Cuba, distinta a la de sus diez predecesores, durante más de medio siglo.

"Seguramente, será difícil y enfrentará recios obstáculos, pero el Presidente conserva las facultades constitucionales que le permitirían escuchar a la opinión pública y generar la dinámica necesaria, mediante decisiones ejecutivas, aun sin pasar por el Congreso. No caben dudas de que sería este un legado histórico.

"Cometería un grave error de cálculo y lo haría todo más difícil para el futuro, si decidiera esperar por una nueva generación de líderes cubanos o por el colapso imposible de nuestra economía. Esta opción lo inscribiría en la historia como el undécimo en repetir la misma equivocación.

"Reitero, a nombre del Presidente Raúl Castro Ruz, la firme voluntad del Gobierno de Cuba de avanzar hacia la normalización de relaciones con los Estados Unidos, mediante un diálogo respetuoso, sin condiciones previas, sobre bases recíprocas y de igualdad soberana, sin merma alguna a nuestra independencia y soberanía (…)"