El paraíso de Hemingway
Todavía parece que su dueño, el célebre escritor norteamericano, deambulara por sus muchos rincones
En San Francisco de Paula se ha congelado el tiempo. Pareciera que aún el escritor está allí, escribiendo descalzo y de pie frente a su máquina, o apuntando ideas en las esquinas de las paredes.
Próximo a su aniversario 45, la casa museo Ernest Hemingway, en la Finca Vigía, de esa localidad en las afueras de La Habana, conserva hoy casi el mismo aspecto físico de cuando fue donada en 1961 al gobierno de Cuba por la viuda del célebre narrador norteamericano.
La instalación acaba de recibir el Premio Nacional de Restauración. En medio de las labores de reparación capital que se realiza desde 2005, los visitantes admiradores de la vida y la obra del Premio Nobel de Literatura en 1954, recorren la antigua residencia, que por más de 20 años habitó el autor de El viejo y el mar.
ESPACIO PARA LA CREACION
Finca Vigia no fue un lugar de descanso ni recreo, afirma Ada Rosa Alfonso, actual directora del inmueble. Además de aparecer en los pasaportes y todos los documentos legales como domicilio oficial de Hemingway, fue un espacio de creación. De su estancia allí, trascendieron algunas de sus novelas como Por quién doblan las campanas, París era una fiesta e Islas en el Golfo.
Ubicada en una colina y con más de cuatro hectáreas de extensión, entre buganvillas y carolinas emergen árboles maderables como el cedro y el algarrobo, 18 variedades de mango, más de 160 palmas reales y numerosísimas plantas ornamentales, algunas importadas por él.Todo ello hace muy evidente su gran amor a la naturaleza salvaje y exuberante.
Tanto es así que aún se recuerda la anécdota de una ceiba que Hemingway nunca permitió que cortaran. Los jardineros no se atrevían a contradecirlo, y un día en que él no estuvo Mary, su esposa, contrató a otros trabajadores para eliminar ese árbol que afectaba seriamente el suelo de la casa.
Cuando el escritor llegó y vio que habían violado su voluntad, comenzó a disparar y echó a los hombres. De esa ceiba conservó algunas de sus raíces en las paredes de una habitación de la vivienda, y hoy, en el mismo sitio donde estuvo aquella hay otra, plantada en 1980.
Su pasión por los animales también dejó huellas allí. Papa, como cariñosamente también era conocido, tuvo cuatro vacas lecheras, un centenar de palomas, casi 60 gatos y una decena de perros, de los que cuatro fueron enterrados allí mismo, y cuyas tumbas son visibles: Linda, Nerón, Negrita y Black.
CADA RINCON UN PEDAZO DE HISTORIA
Entrar en Finca Vigía es como penetrar en un mundo místico, pero nunca un mausoleo, sino un lugar donde el pasado, la leyenda y la vida actual se convierten en una amalgama perfecta.
Naturaleza y arte se muestran allí, cual espejo de las más hondas pasiones de quien fue una de las personalidades más ricas y complejas de la intelectualidad americana.
Cada ángulo, cada rincón, es un pedazo de historia. Allí están los trofeos de los safaris en Africa, una excelente colección de arte, más de 900 discos de la mejor música de todo el mundo en perfecto estado.
Allí se escuchó a los cubanos Lecuona, Arrondo, la Montaner... Toda la casa es una biblioteca, con más de nueve mil títulos (entre libros folletos y revistas) en 30 lenguas diferentes.
Vigía es como un arsenal, hay de todo: se encuentra también la llave de la ciudad de Matanzas, entregada por la poetisa Carilda Oliver; las insignias de los alemanes que capturó en la Segunda Guerra Mundial, los picos de peces aguja en función de pisapapeles, muebles de maderas preciosas nacionales hechos por carpinteros de la localidad, y el enorme sofá donde durmió el popular actor norteamericano Gary Cooper.
EL TIEMPO, LOS HOMBRES
Más persistente que la erosión del tiempo es la voluntad de los hombres. Cuatro décadas y media atentaron contra el inmueble, con más de un siglo, desde que sirvió de torre de vigilancia al ejército español en la colonia, de ahí el nombre de Vigía.
Desde hace dos años la casa museo Ernest Hemingway está sometida a una restauración total, en la que el objetivo fundamental ha sido mantenerla tal y como era cuando el artista vivió allí, asegura Ada Rosa, quien agrega que más que reparar, la idea es convertir la finca en un centro de referencia y documentación de la vida y obra del escritor, “como lo soñó su viuda cuando se la entregó al Comandante en Jefe en 1961”.
La casa principal ya está lista. Se trabajó en la pintura interior, vestuario, armas blancas y equipos electrodomésticos. Incluso, aparecieron nuevas anotaciones en las paredes del baño, muestra de la labor incansable del narrador, y que fueron descubiertas por los especialistas del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología, protagonista de esta empresa renovadora.
Una de las posesiones más preciadas, que el escritor usara para pescar y patrullar las costas cubanas durante la Segunda Guerra Mundial, su yate, El Pilar, descansa en tierra cerca de la casa.
La embarcación llegó al museo donado por Gregorio, el patrón de la nave, quien lo heredó de Hemingway, pero no lo usó, cumpliendo el pacto de caballeros que tenían el escritor y el humilde marinero de no navegarlo más el día que uno de los dos estuviera ausente.
La riqueza de Finca Vigía hizo que el National Trust for Historic Presenvation (la principal organización de protección del patrimonio cultural norteamericano), la declarara en el 2002 uno de los 11 monumentos más importantes necesitados de reparación, en el extranjero.
LA CASA BLANCA SE OPUSO
La directora de la institución asegura que “La reparación es una necesidad de todos, aunque siempre supimos que el costo iba por nosotros y así ha sido”.
Añadió que organizaciones no gubernamentales y particulares de Estados Unidos han mostrado su interés en apoyar económicamente el proyecto, pero la Casa Blanca se los prohíbe. “Esto no es más que otro ejemplo de lo injusto del bloqueo norteamericano”. La restauración debe concluir en el 2009. “Queda terminar el bungalow, donde se hospedaron las visitas de Hemingway, y una parte de ese edificio será la sala dedicada a sus carros, ya que tenemos localizado uno de ellos: el Chrysler, que está en labores de rescate”.
Ya comenzaron las actividades por la celebración de los 45 años del museo en Finca Vigía, que se extenderán hasta el 21 de julio, cuando se celebrará el aniversario 108 del natalicio de su afamado dueño, un gran amigo de Cuba.