Foot cover de Noticia Autor: Prensa Latina Publicado: 09/10/2026 | 08:57 am
Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, en la que el candidato ultraderechista Flavio Bolsonaro obtuvo 47,03 por ciento de los votos frente al 45,16 del candidato oficialista a la reelección, Luiz Inacio Lula da Silva, no resultó ninguna sorpresa que los primeros en felicitarlo fueran el convicto mandatario estadounidense Donald Trump y el sionista Benjamín Netanyahu.
Recientes denuncias de medios de prensa aseguran que tanto Estados Unidos como Israel se han inmiscuido en una virulenta campaña propagandística y financiera para tratar de derrocar al gobierno democrático y nacionalista de Lula.
El diario inglés The Guardian y el brasileño Opera Mundi informaron acerca de documentos del gobierno de Trump y el Congreso estadounidense que revelan la existencia de un fondo secreto de un millón de dólares liberado por el Departamento de Estado para financiar acciones contra el Supremo Tribunal Federal (STF).
Los recursos para el programa, denominado Countering Lawfare and Censorship in Brazil (Contrarrestar el lawfare y la censura en Brasil), fueron liberados el 30 de septiembre, cinco días antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas. La información proviene de UOL, la mayor empresa brasileña de contenidos, tecnología, servicios y medios de pago.
Los mismos documentos registran las gestiones de cabildeo realizadas por el exdiputado federal Eduardo Bolsonaro (Partido Liberal) ante autoridades estadounidenses para que se impusieran sanciones al magistrado Alexandre de Moraes, con el objetivo declarado de forzar una amnistía para su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.
Los documentos describen el fondo como una herramienta para «apoyar a la sociedad civil en el combate contra el activismo judicial excesivo y la censura en Brasil».
Uno de los textos es más explícito y afirma que «la subvención tiene como objetivo apuntar al STF de Brasil y a la percepción de que el Tribunal está atacando la libertad de expresión en Estados Unidos».
Eduardo se mudó a Texas en febrero de 2025 y desde entonces llevó a cabo una campaña ante las autoridades estadounidenses para que se impusieran sanciones a autoridades brasileñas, centrándose en Alexandre de Moraes, con el propósito de forzar algún tipo de amnistía para el expresidente, condenado a más de 27 años de prisión tras la investigación sobre la trama golpista.
La campaña dio resultados concretos. Moraes llegó a ser objeto de sanciones en virtud de la Ley Global Magnitsky, mientras que otros magistrados del Tribunal Supremo Federal fueron incluidos en una lista de restricciones de visado para Estados Unidos por parte del gobierno de Trump.
Por otro lado, compañías de telecomunicaciones privadas controladas por Washington hicieron su trabajo. A diez días de la primera vuelta electoral, Meta, cuyo presidente y director ejecutivo es Mark Zuckerberg, deshabilitó la cuenta publicitaria de Lula en Facebook. La campaña recurrió la decisión y la cuenta fue restablecida, pero la empresa no explicó públicamente por qué la había bloqueado.
No era una cuenta secundaria: Lula había invertido millones de reales en publicidad política y dependía de esa infraestructura para llegar a millones de votantes.
También Instagram retiró publicaciones de ministros, militantes y organizaciones sociales a favor de Lula durante la campaña, mientras favorecieron a candidatos de la derecha.
O sea, una compañía privada decide qué ves, qué no ves, qué se impulsa, qué se hunde y qué desaparece durante unas elecciones nacionales. Lo hace con reglas que cambian, algoritmos que nadie fuera de la empresa puede auditar de verdad y sistemas automáticos capaces de «equivocarse» a escala de millones de personas.
En cuanto a Israel, se asegura que ha estado involucrado contra el gobierno brasileño. Empresas privadas de ese país que venden espionaje, campañas digitales e intervención política como BlackCore, BlackCube y Team Jorge están detrás de campañas desinformativas y difamatorias contra organizaciones, partidos y dirigentes políticos que no apoyan al régimen sionista y sí promueven a los que les son afines.
Como se conoce, el ultraderechista Flavio ha declarado en reiteradas ocasiones que estrechará las alianzas con Israel, ha defendido el genocidio que comete ese régimen contra los palestinos y afirmó que sus primeros viajes tras ser «elegido» serán a Tel Aviv y a Washington.
Flavio también asegura que pondrá en libertad a su padre Jair Bolsonaro, preso por intentar un golpe de Estado contra el gobierno de Lula, y se integrará rápidamente a la ola derechista de gobiernos latinoamericanos dirigidos desde Estados Unidos.
Por eso, hoy más que nunca se hace necesario que Brasil se mantenga como un eje progresista y nacionalista en el continente americano. Sólo la experiencia y el prestigio de Lula, junto a las organizaciones populares y democráticas, pueden lograrlo en el balotaje del próximo 25 de octubre.








