África Subsahariana es la región de mayor inseguridad alimentaria del planeta Autor: Internet Publicado: 21/06/2021 | 09:24 pm
El pasado 31 de octubre y con el natural regocijo por tamaño acontecimiento, la Organización de Naciones Unidas (ONU) proclamó el nacimiento del habitante número 7 000 millones, cifra dos veces y media superior a la existente seis décadas atrás.
En esa ocasión, el organismo mundial pronosticó que ese dígito llegará a 9 300 millones en 2050 y a más de 10 000 millones a finales del presente siglo. Vale recordar que 2 000 años atrás, nuestro planeta solo era habitado por unos 300 millones de seres humanos, absolutamente ajenos a los graves problemas que aquejan hoy a quienes les sucedimos, como consecuencia de un desmedido e incontrolable de-sarrollo científico técnico.
El recién finalizado octavo mes estuvo signado por pésimas noticias, sobre todo para los depauperados estómagos de esos 1 000 millones que, en un siglo que no deja de asombrarnos a diario con una nueva maravilla tecnológica, ni siquiera puede ofrecerles el consuelo de un mísero bocado.
Sequía, aumento de precios de los alimentos de la canasta básica (que durante la última semana de agosto marcó un preocupante 10 % en general) o la certeza de mayor escasez de granos a nivel mundial para "satisfacer" los depósitos de combustible de cientos de millones de automotores. Mirado con sentido bíblico, cualquiera pensaría que sobre el planeta cabalgan ya, al menos, dos jinetes del Apocalipsis.
Latinoamérica no es culpable, pero…
América Latina y el Caribe perderán más de 100 000 millones de dólares anuales para 2050 como con- secuencia del cambio climático, de acuerdo con un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cifra equivalente a 2 % del PIB actual de sus países.
¿Factores? Derretimiento de los glaciares, reducción en los rendimientos agrícolas, inundaciones y sequías son algunos de los cambios asociados al calentamiento global que impactarán al área, a pesar de que hoy la comunidad latinoamericana solo genera 11 % de las emisiones causantes del calentamiento global, pero en cambio es primordialmente vulnerable debido a su dependencia de las exportaciones de recursos naturales, la existencia de redes de infraestructura sensibles a fenómenos climáticos y la presencia de áreas críticas como la Cuenca Amazónica, el bioma coralino del Caribe, los humedales costeros y ecosistemas montañosos en extremo frágiles.
Desde la Cumbre medioambiental de Río de Janeiro, en 1992, prestigiosas voces vienen denunciando las catastróficas consecuencias a que el calentamiento global y sus secuelas, por irresponsabilidad, ambición o cobardía moral de algunos dirigentes mundiales, está conduciendo al único lugar habitable en nuestro sistema solar.
Pero las calamidades asociadas al calentamiento global no son exclusividad de la crisis alimentaria que arrostra el planeta desde 2008, naturalmente exacerbada en el Cuerno Africano y en muchos otros países del llamado Tercer Mundo. Sus efectos, sí, han desatado torrenciales lluvias en lugares predominantemente secos, y agrietado la tierra en naciones tropicales y subtropicales. Pero considero que el exceso o escasez del líquido elemento debe que estar acompañado en el banquillo de los acusados por otra causa ajena por completo a la naturaleza.
¿El totí tiene la culpa?
José Graziano da Silva, director de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) llamó en agosto a "una suspensión inmediata y temporal" de las órdenes de los Estados Unidos sobre el etanol de maíz para "dar un respiro al mercado y permitir que una mayor cantidad de cosecha se canalice hacia las necesidades alimenticias".
Con ello Da Silva daba respuesta al alza de los precios del grano, disparado por encima de 60 % en los últimos 60 días. A comienzos de ese mes se pagaron 8,49 dólares por bushel (unidad de medida anglosajona), cifra devenida pico de todos los tiempos. Y si prosiguen las condiciones de sequía en el territorio estadounidense y en Europa, los precios seguirán estampando un récord tras otro.
Mas el agrónomo, catedrático y escritor brasileño no estaba preocupado solo por el alza del grano. A mediados de mes Shenggen Fan, director del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, le expresó a la compañía estadounidense de software financiero, datos y noticias Bloomberg, que una crisis alimentaria global "nos puede golpear muy pronto" debido a la sequía. Y aseguró: "Hay que detener la producción de biocombustibles. Es lo que hace subir los precios mundiales de los alimentos y muchos pobres, especialmente mujeres y niños, sufren".
Para Brooke Coleman, sin embargo, poco importan los millones de seres humanos impedidos de elegir entre alimentos o biocombustibles. Director ejecutivo del Consejo de avanzada del etanol, uno de los muchos grupos de presión de los biocombustibles, el 8 de agosto defendió los acuerdos sobre el etanol de maíz diciendo que "el problema es nuestra dependencia del petróleo extranjero, lo que a su vez eleva los costos a miles de millones de dólares y es un gran costo para la economía y el medio ambiente. La Norma de Combustibles Renovables, que impulsa la fabricación estadounidense de combustible en el mercado, es parte de la solución".
Growth Energy in, otro grupo pro etanol, casi calcó lo afirmado por Coleman el mismo día. Su consejero delegado, Tom Buis, desestimó las críticas por "atar la producción de biocombustibles a supuestos encarecimiento de los alimentos". Aludió que los esfuerzos para limitar los acuerdos sobre el etanol de maíz solo serían "para mantener a nuestra nación adicta al petróleo extranjero. El etanol reduce nuestra dependencia del petróleo extranjero, crea puestos de trabajo aquí en Estados Unidos, mejora nuestro medioambiente, revitaliza las comunidades rurales y es ahorro de dinero para los consumidores".
Para el lobby yanqui del etanol, el fantasma del "petróleo extranjero" deviene sofisma con que anestesiar el sentido común de la ciudadanía. O dicho en buen cubano: echarle la culpa al totí. Pero no hay que ser economista para entender porqué esta camarilla actúa así:
"Este año alrededor de 4,3 millones de bushels de maíz se convertirán en combustible para motores", dijo Bill Lapp, presidente de Soluciones Avanzadas de Economía, empresa de consultoría sobre productos básicos con sede en Omaha, Estados Unidos. "Esto significa que habrá un aumento de casi 37 % de la cosecha de maíz de este año que destinará alrededor de 11,6 millones de bushels a la producción de etanol", agregó.
Compare, entonces, esas cifras con las de siete años atrás, cuando el bushels de maíz costaba apenas dos dólares. Ese año, solo 1,6 millones de bushels (alrededor de 13 % de la producción nacional), se destiló para mezclarla con gasolina.
Hoy, el sector del etanol de maíz yanqui consume tanta cantidad de grano como la totalidad del ganado que pasta en sus tierras. Hasta el 31 de julio, esa masa había devorado unos 4 600 millones de bushels, lo que indica que los estadounidenses están "quemando" en sus vehículos casi tanto maíz como el que alimenta a todos los pollos, pavos, ganado vacuno, porcino y especies acuícolas de la hasta ahora primera economía del planeta. Y aún peor: este año la flota automotriz de Estados Unidos debe consumir dos veces el cultivo de toda la Unión Europea.
A pesar de estos hechos, el gobierno del presidente Barack Obama se ha convertido en cómplice de este moderno instrumento para asesinar por hambre a millones de personas. Al efecto el ex gobernador del Estado de Iowa y actual Secretario de Agricultura, Tom Vilsack, alaba habitualmente y sin sonrojo alguno a la floreciente industria, y en la Conferencia Nacional de Etanol, en febrero de 2012, dijo que "tenemos una deuda de gratitud con los productores de etanol en este país".
Entre tanto, y tampoco sin sonrojo alguno, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos se esfuerza en aumentar el suministro de gasolina a pesar de las objeciones de una amplia coalición de grupos que van desde fabricantes de comestibles a la industria petrolera.
Durante años se ha vendido la gasolina con 10 % de etanol, el popular E10. Pero con demasiado etanol en sus reservas, los zares del combustible intensificaron una campaña de lobby en la EPA para convencer al organismo de aumentar la mezcla permitida a 15 %, cuestión ya santificado por la agencia unas semanas atrás, a pesar de que solo 4 % del parque automotor estadounidense está diseñado para mezclar gasolina con mayor cantidad de etanol.
A contrapelo de que muchos decidores continúen haciendo oídos sordos a estos reclamos, cada hombre honesto y sensato está hoy en el deber de denunciar, una y otra vez, a quienes ignoran que ya se pasean por nuestro planeta dos jinetes del Apocalipsis.
Recordemos, entonces, este fragmento del presidente cubano Raúl Castro Ruz en la Cumbre Río+20, en Río de Janeiro, Brasil, el 21 de junio de 2012:
"Durante estos veinte años, se han lanzado guerras de nuevo tipo, concentradas en la conquista de fuentes energéticas, como la ocurrida en 2003 con el pretexto de las armas de exterminio en masa que nunca existieron, y la que recientemente se produjo en el norte de África. A las agresiones que ahora se vislumbra continuar contra países del Medio Oriente, se añadirán otras, con el fin de controlar el acceso al agua y a otros recursos en vías de agotamiento. Debe denunciarse que intentar un nuevo reparto del mundo desatará una espiral de conflictos de incalculables consecuencias para un planeta ya gravemente inseguro, y además enfermo…".








