Lunes
14 de Septiembre  2026 

Grupo de Trabajo Estatal Bahía de La Habana: reforzar el saneamiento ambiental

Insisten en la necesidad de seguir contando con el aporte de los resultados de estudios, evaluación y monitoreo de la calidad del agua en la rada habanera, asumidos por Cimab, los cuales han contribuido a una gestión ambiental más eficaz en los últimos años, a pesar de la compleja situación del país 


Jueves 06 de Agosto de 2026 | 04:46:15 PM 

Autor

Ledys Camacho Casado

La importancia de los drenajes pluviales para la ciudad y su vínculo con la salud ambiental y humana fue uno de los temas centrales de un taller de capacitación organizado por el Grupo de Trabajo Estatal Bahía de La Habana (GTE-BH), espacio en el que participaron periodistas, especialistas y representantes de varias entidades vinculadas a esa actividad.  

En el intercambio se insistió en que los problemas de saneamiento urbano y la contaminación de la bahía forman parte de un mismo sistema de impactos, donde confluyen factores técnicos, sociales y de comportamiento ciudadano. 

Durante el encuentro, se explicó que la bahía de La Habana recibe descargas de varios drenajes pluviales históricos, entre estos Agua Dulce, Matadero y San Nicolás, infraestructuras construidas junto al alcantarillado de la zona más antigua de la capital, y diseñadas originalmente para conducir solo aguas de lluvia.  

Con el tiempo, sin embargo, ese sistema fue recibiendo conexiones no autorizadas de residuales domésticos e, incluso, de instalaciones empresariales e industriales, lo que ha incrementado la contaminación. 

Marlene Pérez Hernández, directora adjunta del Centro de Ingeniería y Manejo Ambiental del Transporte (Cimab), detalló que esa institución realiza estudios de evaluación de la calidad del agua y de los residuales que llegan a la rada habanera por diferentes vías.  

Según explicó, los drenajes pluviales descargan hacia la zona oeste de la bahía, especialmente en la ensenada de Atarés, una de las más afectadas por la contaminación.  

Allí se combinan indicadores físico-químicos como nutrientes y materia orgánica, con parámetros bacteriológicos de especial preocupación para la salud humana. 

Entre esos indicadores, resaltó la presencia de coliformes termotolerantes y fecales, asociados al contacto directo con aguas contaminadas y a posibles afectaciones sanitarias, en caso de baño accidental o exposición prolongada.  

En ese sentido, se reiteró que la calidad del agua en la bahía no permite su uso recreativo y que cualquier contacto con ese entorno entraña riesgos.

También se abordaron otras causas frecuentes de contaminación urbana que agravan la situación de los drenajes, como el vertimiento de aceite usado, escombros de construcción y desechos del barrido de calles, además de las descargas directas desde viviendas y establecimientos particulares.  

A ello se suma el impacto de conexiones recientes hechas al margen del alcantarillado, incluidas algunas asociadas a cafeterías y lavaderos de autos, que descargan directamente al drenaje pluvial y terminan incrementando la carga contaminante de la bahía. 

Foto: Naturaleza Secreta.

Desde la perspectiva del manejo ambiental, se insistió en que el problema no es solo hidráulico, sino también de gestión y disciplina social. 

Como ya se ha divulgado, La Habana arrastra desde hace décadas limitaciones en su red de drenaje y alcantarillado, una infraestructura centenaria que no siempre responde al crecimiento urbano, a la intensidad de las lluvias ni al deterioro acumulado por falta de mantenimiento y por conexiones indebidas. 

Se ha señalado, además, que las inundaciones en la capital suelen agravarse por la insuficiente capacidad de desagüe, el obstruccionamiento de tragantes y la acumulación de basura en la vía pública. 

En el taller se recordó, también, la historia del sistema de drenaje pluvial habanero, construido entre 1905 y 1918, y considerado en su momento uno de los más tempranos de América.  

Aunque fue concebido para canalizar agua de lluvia, su uso inadecuado a lo largo del tiempo ha terminado por convertirlo en una vía de arrastre de contaminantes hacia la bahía. Por eso, especialistas y autoridades insistieron en que la solución exige tanto inversiones técnicas como mayor control sobre las conexiones ilegales y una educación ambiental sostenida. 

Mercedes Gzegozewski, directora de Gestión Ambiental del GTE-BH, llamó la atención sobre prácticas cotidianas que alimentan el problema, desde el vertimiento de residuos a los drenajes de esquina, hasta el mal manejo de desechos en actividades constructivas y comerciales.  

Subrayó, además, la necesidad de reforzar la conciencia ciudadana y de aplicar con rigor las medidas previstas en la legislación ambiental vigente, incluida la Ley No. 150 del Sistema de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente. 

Al cierre del intercambio, se reconoció la labor del Cimab en el monitoreo de las aguas de la bahía y se ratificó la importancia de continuar esas tareas, aun en condiciones complejas.  

La protección de la bahía de La Habana —se subrayó— no depende solo de obras hidráulicas, sino también de la responsabilidad colectiva, la vigilancia ambiental y el cumplimiento de las normas que resguardan la salud de la población y del ecosistema. 

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