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24 de Mayo  2026 

El agua… o la vida

A nivel mundial, este tema adquiere matices dramáticos, sobre todo en los continentes africano y euroasiático, como consecuencia del cambio climático y los varios tipos de sequía


Jueves 15 de Junio de 2006 | 12:00:00 AM 

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Veinticuatro años atrás, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), calificó a la sequía como “un período de condiciones meteorológicas anormalmente secas, y suficientemente prolongado como para que la falta de precipitación cause un grave desequilibrio hidrológico…”

Veinticuatro años después, el director del Centro Nacional del Clima del Instituto de Meteorología de Cuba, doctor Ramón Pérez, aseveró: “La sequía continuará en el país debido a la tendencia a registros inferiores de lluvia, sobre todo en la región oriental, pues este tipo de evento se ha hecho más frecuente, fundamentalmente, de Camagüey a Guantánamo”.

La mayor nación antillana sufrió en 2005 la más intensa sequía de los últimos cien años.

Sin embargo, la última decena de mayo y la primera de junio han descorrido una esperanzadora cortina para los habitantes de la Isla. Comenzó a llover. ¡Y de qué manera!

Al concluir el conocido “mes de las flores”, Camagüey reportaba el 31,6 % de llenado, o sea, unos 381 millones 382 000 metros cúbicos de su capacidad total de agua, ascendente a 1 205,6 millones. La situación era mucho más favorable, pues en igual etapa del año anterior, los embalses solo acogían 88 millones de metros cúbicos, o sea, el volumen más crítico de los últimos cien años. Esa inyección alivia la tensa situación vivida, tanto más cuando comienzan el período húmedo y la temporada ciclónica. Y todo esto repercute en los pastos y en el líquido para el ganado.

Las Tunas, en comparación con igual etapa de 2005, momento en que los embalses solo almacenaban 12% de su capacidad, marca 178 millones de metros cúbicos, o sea, al 51%. Empero, más de 200 comunidades aún reciben el servicio de pipas. Los especialistas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) en el territorio han propuesto diversos estudios con el fin de crear nuevas fuentes de abasto (acueductos) en diferentes sitios.

Durante el primer cuatrimestre ha llovido al 68% de la media histórica, y en mayo, al 94%, con 160 milímetros promedio. Por tanto, en los primeros cinco meses del año creció hasta 79%, si bien no alto, revelador de una mejoría al compararlo con el año anterior. En estos momentos la capacidad de agua embalsada nacionalmente se eleva a 58,6% (5 130 millones de m³), y tres provincias críticas, Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo, se hallan al 102, 79 y 86% de su lámina histórica.

¿HAY RAZONES PARA SENTIRSE OPTIMISTAS?

La sequía es el principal fenómeno resultante de acontecimientos meteorológicos, la físico-geografía de un territorio y la acción del hombre sobre el medio ambiente. De ahí que se clasifiquen en sequía meteorológica, agrícola, hidrológica e hidráulica.

La primera concierne a la ocurrencia de lluvias muy inferiores a las normales en un lapso determinado. En dependencia de su extensión, la sequía meteorológica influye sobremanera en la agrícola (especialmente en los cultivos de secano), y en la hidrológica cuando las precipitaciones son inferiores al 75% de las previstas para una etapa superior a la correspondiente con las sequías cíclicas anuales e interanuales. De esta última, por cierto, nuestro país presenta dos bien definidas: la estacional (noviembre-abril) y la interestival (julio-agosto), aunque no se manifiesten por igual en todas las regiones.

Asimismo, la sequía hidrológica también aparece cuando las aguas subterráneas se agotan al extremo de no alimentar los ríos que habitualmente las drenan, provocando la ausencia de agua en movimiento.

Por último, la sequía hidráulica debuta al no existir la disponibilidad de agua acopiada capaz de garantizar el flujo de entregas estimado en el balance hidrológico anual, que toma en cuenta a las fuentes superficiales y ocultas de toda una comarca o de un sistema hidráulico.

Una suerte de cordón umbilical articula a los tipos de sequías descritos. La meteorológica inaugura la cadena, de la cual penden las restantes, cuyo seguimiento tiene una frecuencia decenal o mensual, pues como todo fenómeno acumulativo, tiende a enmascararse ante la inusual extensión de tiempo, impidiendo la oportuna identificación de las lluvias en magnitud y frecuencia.

En honor a la verdad, esta problemática y las derivadas de ellas, son seguidas en Cuba, si nos permiten el símil, con el rigor y la pasión de los detectives excepcionales, y tras sus huellas se hallan especialistas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, del Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), el Ministerio de la Agricultura y otras entidades involucradas en desentrañar tan compleja álgebra ambiental.

La cuestión, entonces, no es ser optimistas o pesimistas ante los retos de la naturaleza. “Imagínense un descomunal tablero de ajedrez -ejemplificó un amigo meteorólogo- en el que la Naturaleza siempre posee las piezas blancas. A nosotros nos corresponde prever cuatro, seis, diez movimientos… Y sobre todo: jamás subestimarla”.

SEQUIAS SON SEQUIAS

A principios del pasado año, el presidente del INRH, ingeniero Jorge Luis Azpiolea, anunciaba un plan para combatir la tensa situación creada por el pertinaz azote en los diferentes programas económicos y de garantizar el abasto de agua a la población. Revelaba que, al término del mes de enero de 2005, los embalses registraban 1Ê983 millones de metros cúbicos menos que en similar fecha del año precedente. O lo que es igual: el 35% de la capacidad total de las 235 presas en explotación por entonces, de las cuales 114 no estaban siquiera al 25% de su aprovechamiento y, de ellas, 41 por debajo del llamado “volumen muerto”, es decir, prácticamente inutilizadas.

Hoy conocemos que el período seco 2005-2006 fue el séptimo de peor promedio pluvioso desde 1901, con solo el 65% de precipitaciones, 4% menos que las reportadas un año antes. Diez de las 14 provincias y el municipio especial de Isla de la Juventud, recibieron solo del 50 al 75% de las medias históricas, y entre las más afectadas figuraban las dos provincias habaneras y Holguín.

Al respecto, Azpiolea aseguraba: “Lo importante es que conocemos dónde hacen falta las obras de mayor urgencia y que, a diferencia de otros países, que dependen de créditos del Banco Mundial o del Interamericano, el Estado asume con sus medios la solución, que en los últimos meses -y solo en obras de infraestructura- sobrepasa los 20 millones de dólares.

“El Presidente Fidel Castro y los 20 organismos integrantes de la Comisión Central de Gobierno involucrados en este plan -afirmaba-, siguen paso a paso la situación y ponen todos los recursos disponibles en función de atenuar los daños económicos y sociales”. En este sentido, en 2005 los camiones cisternas que abastecían a la población afectada (1 834Ê232 personas), dieron 7Ê179 viajes diarios con un gasto de combustible superior a los 50Ê700 litros. Como de costumbre, el pueblo no quedó desamparado ante el coyuntural evento, a pesar de los 1 350 millones de dólares de pérdidas originados por el fenómeno.

Si a ello le agregamos que en dicho lapso la nación sufrió el embate de dos huracanes que ocasionaron daños superiores a los 2Ê000 millones de dólares, cabe preguntarse: ¿qué hubiera ocurrido en otro país que no tuviera un régimen económico, social y político como el nuestro? Un conocido periodista ha popularizado esta frase definitoria: “Saque usted sus propias conclusiones”.

Y DEL BLOQUEO, ¿QUE?

Al respecto, José Morejón, director general de la Empresa de Perforación y Construcciones del INRH, denunció que “ni la búsqueda de agua para aliviar la situación en las zonas más dañadas por la sequía escapa al cerco”.

De acuerdo con cálculos de dicha empresa, desde principios de 1990 hasta la fecha los perjuicios económicos solo en lo referido a la actividad de construcción de nuevos pozos, sobrepasa los 25 millones de dólares, cifra que comprende los gastos adicionales por concepto de búsqueda, compra y transporte de las piezas en lejanas fuentes.

“Para que se tenga una idea -argumentó-, adquirimos en España máquinas perforadoras marca Zahorí. Estas son de fabricación inglesa, pero los motores, compresores y otras piezas, como bombas hidráulicas, cables y martillos, son de procedencia estadounidense.

“Debido al bloqueo, hemos tenido que adquirir en terceros países y por supuesto, a precios más elevados, los aditamentos necesarios para las reparaciones. Tanto es así que de poder acceder a los motores y otros agregados en Estados Unidos, la reparación de una Zahorí 303 solo costaría entre 5 000 y 6 000 dólares, mientras que debemos desembolsar 50 000 para ello”.

El funcionario también reconoció que a pesar de tales obstáculos, la inventiva de los trabajadores del sector ha impedido la paralización de la necesaria labor de abastecer de agua a la población. “La recuperación de neumáticos, piñones, retenes y zapatillas, entre otros dispositivos, además de la sustitución de la chapa para el encamisado de los pozos por botellones de gas desechados, forman parte de las iniciativas desplegadas por este colectivo”.

CONTRA LA DESERTIFICACION

En la actualidad, un millón 580Ê996 hectáreas de los suelos cubanos (el 14%) están afectados por la desertificación y la sequía, fundamentalmente en áreas cercanas a las costas. Como consecuencia del cotidiano mal uso y manejo de las tierras por el hombre, la degradación de los suelos es la causa fundamental de la desertificación, a lo cual se adicionan los ambientes secos y subhúmedos secos, que aquejan el 53% por salinidad, el 23% por erosión y el 14% por ambos factores, así como un 77% por la degradación de la cobertura vegetal.

En este contexto, donde se imbrican las cuatro principales causas mundialmente reconocidas en los procesos de desertificación y formación de desiertos, semidesiertos y zonas áridas del mundo (manejo del agua de riego, tecnologías de manejo de tierra, manejo de la ganadería y deforestación), las zonas más endémicas aparecen al sur de las provincias de Pinar del Río, La Habana, Sancti Spíritus y Guantánamo.

El Programa Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía en Cuba ha diseñado varios sistemas en aras de paliar tal situación: Plan Turquino-Manatí; Recuperación de la Voluntad Hidráulica; Programa Nacional de Conservación y Mejoramiento de Suelos; Plan de Acción de la Alimentación; Programa Nacional de Salud, de Ciencia y Técnica, Estrategias Ramales y Nacional de Educación, a los cuales están vinculados la Convención sobre la Diversidad Biológica y la Convención Marcha de Cambio Climático.

Las acciones cardinales a ejecutar son el desarrollo económico y social de las zonas afectadas, el perfeccionamiento y aplicación de instrumentos jurídicos, técnicos, económicos y administrativos para la práctica, seguimiento y control del mismo, la educación ambiental, capacitación, sensibilización, concientización y participación ciudadana, la investigación científica e innovación tecnológica, el fortalecimiento institucional y la cooperación internacional, esta última canalizada, entre otros, por el PNUD y su estrategia para el desarrollo descentralizado (PDLH-Cuba), con el apoyo del País Vasco y la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional.

Dos provincias de las más perjudicadas por todos estos fenómenos emprenden importantes obras hidráulicas para garantizar el agua a la población o la agricultura: Camagüey y Holguín. Actualmente los 52 embalses agramontinos están al 40% de su capacidad, aunque 12 de estos solo alcanzan el 34% de posibilidades. El panorama holguinero todavía es más severo.

Gracias a una inversión de 250 millones de pesos, se acomete por etapas el trasvase este-oeste, que hará fluir el líquido desde las zonas montañosas con alto potencial hídrico. En su primera fase incluye la presa Melones, de más de 400 millones de metros cúbicos de capacidad, que se construye en Pinares de Mayarí. A través de túneles y canales, tributará a la de Sabanilla y esta, a su vez, a la de Nipe.

Próximamente debe concluir la conductora que traerá agua de Nipe a Gibara , -beneficiará a más de 120 000 habitantes-, y por gravedad, desde este último embalse al de Colorado, el cual conectará con la potabilizadora de Naranjo, encargada de satisfacer la demanda del polo turístico holguinero. Por la cara este, el torrente viajará desde Sabanilla hasta Las Tunas y Nuevitas, provincia de Camagüey, mediante un complejo de obras ingenieras que involucran al INRH y los ministerios de la Construcción y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

En una segunda etapa se erigirá una presa de 600 millones de metros cúbicos en las montañas de Sagua de Tánamo, que también verterá en la de Melones atravesando túneles, canales y micropresas, sin contar que en los últimos tres años, el INRH holguinero perforó alrededor de 5 000 pozos en el territorio.

RESPONSABILIDAD HUMANA

En la Mesa Redonda dedicada al 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, el doctor Braulio Lapinell, especialista del Instituto de Meteorología, destacaba : “El clima ha sufrido muchos cambios en el pasado y continuará cambiando en el futuro, en la misma medida en que se alteran los componentes que lo integran. Ahora estamos frente a un fenómeno nuevo: el hombre está modificando fuertemente el comportamiento del clima”. Lo anterior quedó evidenciado en el Taller Gubernamental sobre el Cambio Climático: “A la variabilidad climática natural -prosiguió- se añade un nuevo componente, el antrópico, provocado por el reforzamiento del efecto invernadero, que suscita muchos otros fenómenos dañinos al medio ambiente. Desde mediados de los 70, en Cuba se han producido cambios significativos en el clima. La temperatura media en superficie se elevó 0,5 grados, dado el incremento de las temperaturas mínimas, que se elevaron 1,5 grados centígrados, provocando una disminución importante de la oscilación entre la máxima y la mínima, o sea la diurna; por otro lado, la lluvia en los períodos invernales aumentó, en detrimento de las mismas en la etapa lluviosa. Todo esto se traduce en sequías, lluvias intensas, como por ejemplo ahora, cuando estamos recién salidos de un proceso de aguda sequía y a continuación, inundaciones en la región oriental, o bien en cómo los ciclones tropicales elevan su frecuencia e intensidad”.

El doctor Lapinell recordó que la sequía es un fenómeno propio de la alta variabilidad climática actual. “No solo en Africa -arguyó-, sino también en Asia, Europa -España se ha hecho eco de este fenómeno al señalar que es el más fuerte de los últimos 1 000 años-, y hasta en la cuenca del Amazonas, que sufrió una sequía de grandes proporciones el pasado año. Cuba no ha escapado a este flagelo, fundamentalmente en el oriente del país, mucho más acentuado a partir de 1998.

“Nuestro Instituto trabaja muy seriamente en este aspecto con el desarrollo de los sistemas de vigilancia y alerta temprana no solo de la sequía meteorológica sino también de la agrícola. Ha habido alteraciones de los patrones habituales de la circulación atmosférica sobre la región. Esto ha provocado todo un conjunto de variaciones desfavorables para el proceso de la lluvia y en consecuencia, el establecimiento de la sequía.

“Puede mencionarse una mayor intrusión de la cuña anticiclónica oceánica sobre el archipiélago, la intensificación de las corrientes del Este, mayor influencia del anticiclón mexicano de verano en la altura y una mayor proyección de las componentes meridionales del Norte en esos niveles, el progresivo incremento de las corrientes descendentes en toda la topósfera, etcétera”.

El monumental esfuerzo que se viene realizando sería como arar en el mar si paralelamente no se soluciona el de las redes hidráulicas. Un informe reciente del INRH advierte que la mitad del agua bombeada se derrocha en salideros por cañerías en mal estado. Los años más críticos del período especial contribuyeron a esta circunstancia, pero no podemos obviar que todavía hay industrias y núcleos familiares apáticos ante la gravedad del suceso.

Con justificada frecuencia aparecen en los medios informativos imágenes y textos sobre los daños originados por las sequías y la desertificación. Sin ánimo de resultar patéticos, sépase que en muchas partes del mundo esta nueva pandemia mata cada año, con idéntico saldo al equivalente de varias bombas atómicas, a hombres, mujeres y, principalmente, niños.

Si bien una conjunción de multifactores permite apreciar con óptica más conveniente la situación, que por supuesto mejoraría considerablemente si la actual temporada lluviosa continúa siendo favorable, resulta imprescindible además, la educación y toma de conciencia en función del sostenible recurso agua. No solo se trata de invertir medios, sino de preservar ese elemento renovable pero finito -no obviar esto-, en aras de incrementar disponibilidades.

Sobre esas bases no estimamos exagerado el título. En la actualidad y en el futuro próximo, el agua deviene ese otro “oro” insípido, inodoro y transparente, cuyo valor resulta supremo para la supervivencia de la especie humana: la vida.

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