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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Turismo y cultura: Las Parrandas, pasiones extendidas

Atributos únicos que pueden enriquecer las propuestas turísticas del destino Cuba, en 18 localidades de la región central del país

La pasión por las fiestas tradicionales trasciende épocas y vibra aún entre los pobladores de numerosas localidades cubanas para extenderse como atributo universal confirmado tras la reciente inscripción de las Parrandas de la región central de Cuba, en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Se trata de un hecho de gran relevancia porque confirma las potencialidades de esta Isla caribeña dedicada, con sus hijos, a preservar lo más auténtico surgido de los sentimientos, la creatividad y talento de sus nacionales y mostrado ahora como símbolos de la nación.

Aunque también tiene inscritas en la reconocida lista a la tumba francesa desde 2003, la rumba en 2016 y el punto cubano en 2017, la presencia cubana es más amplia en los registros de la Unesco en los cuales el país está representado con 10 lugares declarados Patrimonio de la Humanidad.

Pero la nueva inscripción más bien se define en el arraigo de tantas personas que aman estas  festividades, por lo cual año tras año se empeñan en su lucimiento y las mantienen como incentivo permanente en sus vidas cotidianas.

Se sabe que son muchos los apegados a ese disfrute en su condición de parranderos y gran cantidad de observadores que se deleitan y al mismo tiempo se interesan por comprenderlo al hurgar en los orígenes de esas ideas hermosas convertidas en obras de arte efímeras, pero que hoy se manifiestan más allá de las fronteras del país y de los días de parrandas.    

Extasiados los visitantes foráneos han convertido tales festividades en parte importante de su programa de viaje y casi de forma espontánea, durante años han llegado a estos parajes para unirse al entusiasmo popular, mientras son testigos de sucesos irrepetibles.

El ministro de Turismo Manuel Marrero Cruz, en entrevista exclusiva a este Semanario,  al destacar el tema de la calidad se refirió al hecho de tener una decena de sitios declarados por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad, los cuales son atributos que diferencian al país de la competencia.

Al respecto destacó: “En una isla, en un país tan pequeño, es alta la proporción entre sitios por cantidad de habitantes o por kilómetros cuadrados, esto es un privilegio”. También reconoció que “a veces no sabemos valorarlos, pero entre los europeos y en gran parte del mundo de hoy, sí; ciertamente es un atractivo importante”.

A partir de la nueva denominación de la Unesco, que tiene como antecedente la declaración de las parrandas como Patrimonio Cultural de la Nación, desde 2013, sería muy oportuno para la industria turística en su interés de diversificar las ofertas tomar de la mano a estos poblados parranderos para impulsar sus atractivos y destacarlos, por ejemplo, entre las ofertas de los circuitos y programas recreativos que incluyen recorridos por el país y a manera de respaldo contribuir con la gestión económica de las localidades, mediante la vida cultural, similar al apoyo prestado a las ciudades patrimoniales.

La expansión original

La historia precisa que las parrandas surgieron en 1820, en la otrora villa de San Juan de los Remedios, en la actual provincia de Villa Clara, pero su expansión siguió hacia poblados cercanos y dibujó como una franja en la zona norte central del país.

Por eso en esta ocasión al registro de la Unesco se integraron 18 parrandas celebradas cada año en diferentes fechas y en varias localidades de las provincias de Villa Clara, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila.

En estos tiempos ya en Remedios se establece un buen enlace entre cultura y turismo a partir de la arquitectura colonial bien conservada en el centro histórico y al poder de convocatoria de las populares parrandas en las que se suscita una competencia fraternal entre los barrios de San Salvador, cuyo símbolo es el gallo y El Carmen, representado por el gavilán.

En concordancia con la tradición, cuando las campanas de la Iglesia Parroquial Mayor anuncian las nueve de la noche del 24 de diciembre, cada bando remediano descubre su obra creadora nacida del empeño y la dedicación de muchos durante todo un año en la confección de los distintos elementos del certamen y en medio de música tradicional se dejan ver los llamados trabajos de plaza, faroles, carrozas  y fuegos artificiales.

Designio facilitador de la Unesco

Tal vez resulta inspiradora la frase popular de que nada hay más universal que lo local, así la  Convención de la Unesco destacó el engalanamiento de monumentos y la creación de réplicas, así como de carrozas una demostración de la imaginación y creatividad que poseen los grupos de parranderos para reinterpretar y recrear sucesos e historias mediante imágenes, luces y colores, según la web de esta organización.

Asimismo, promueve la preservación de las costumbres o expresiones vivas heredadas de  antepasados y transmitidas a los descendientes, así como las tradiciones orales, las artes escénicas, las prácticas sociales, los rituales y los actos festivos, los conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo o los conocimientos y aptitudes necesarios para la artesanía tradicional.

La candidatura de 2018 incluyó a 40 aspirantes a la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, que cuenta con 399 elementos inscritos y su propósito es dar visibilidad a las tradiciones y conocimientos de las comunidades, sin reconocerles por eso ningún criterio de excelencia ni de exclusividad.

Gladys Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural cubano, resaltó la repercusión de estas fiestas promotoras de la identidad cultural de los pueblos de la región central de Cuba.

Subrayó cómo la Parranda constituye una festividad profundamente popular organizada por y para el pueblo. Dijo que la implicación de sus portadores en su concepción y desarrollo se refleja en sus trabajos de plaza, carrozas y el arte de la pirotecnia.

Al respecto señaló que cada portador se convierte en un artista, en un creador del diseño, la arquitectura, la música, la danza, la construcción de réplicas de monumentos y disfraces para los personajes representados en las carrozas de cada barrio.