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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Gran momento del Cabaré Tropicana

Durante 2014 se ha realizado un mantenimiento especial en la instalación de cara al aniversario 75. Espectáculo renovado en busca de virtuosismo

Es la noche del 31 de diciembre de 2014 y los destellos inconfundibles del  escenario del Cabaré Tropicana anuncian el esperado momento. Comienza la celebración del aniversario 75 del más famoso Paraíso bajo las estrellas y se hacen escuchar los acordes de la música cubana, al tiempo que irrumpe una función renovada para refrescar esa  obra artística tan singular, al estilo de una superproducción.

Lleva el mismo nombre mantenido en los últimos años: Tambores en concierto, pero su contenido se ha actualizado en más del 80 %, para  un mayor acercamiento  al virtuosismo que siempre ha distinguido a ese centro nocturno, símbolo de la capital cubana.

"Está en un gran momento el cabaré", afirmó David Varela Mateo de Acosta, su director general, tras explicar a este semanario algunos detalles de la intensa labor realizada desde el principio del año con el objetivo de mejorar la instalación, complacer mejor a los clientes y lograr que "puedan disfrutar de un espectáculo donde está expuesto lo más autóctono de nuestra cultura".

Según Varela, se analizó  a profundidad a partir de criterios de los clientes y de opiniones publicadas en TripAdvisor (la mayor web de viajes del mundo) y por ello se montaron algunos cuadros nuevos que se han ido insertando a la presentación "para hacerla más virtuosa y que represente la cultura de Cuba, que es la razón de ser del cabaré".

Pudiera pensarse que es muy complicado y algo pretensioso ese propósito, por tratarse de un sitio visitado cada año por personas de unos 60 países, pero la demanda permanente da confianza y estimula a seguir adelante. Por ello Varela dice que el interés se concentró en formar un buen equipo artístico integrado, mayoritariamente, por jóvenes. Ese conjunto lo forman bailarines, modelos, cantantes, un coro y una orquesta,  y todos entre plumas y lentejuelas y con ropas exuberantes salen cada noche a entregar su arte acompañado de alta calidad musical con una orquesta que siempre toca en vivo.

"Hemos trabajado incansablemente entre la parte artística y la administrativa en función de garantizar una calidad con la cual los clientes sientan que todas sus expectativas han sido cumplidas", puntualizó el director general. También reconoció la ayuda del Ministerio de Turismo que hizo comprender que para elevar el prestigio, primero había que mejorar la calidad del producto que está presentando.

Hace 12 años Varela llegó a Tropicana para cumplir una nueva tarea y aunque aún prevalece su estirpe de hotelero con más de 30 años de experiencia, confesó que se enamoró de este inigualable cabaré, por el cual cada uno de los empleados expresa gran sentido de pertenencia. Se trata de 218 trabajadores, todos vinculado a la prestación de servicios.    

Con motivo del aniversario este año hubo oportunidad de realizar todos los planes de mantenimiento y de promoción y entre sus resultados destaca el crecimiento de los ingresos en 10 %, en comparación con 2013 y según el director general, se incrementan también los aportes y las utilidades.

Desde el punto de vista administrativo la instalación funciona como una sucursal del Grupo Empresarial Extrahotelero Palmares y en su trayectoria se incluyen en varias  ocasiones el Premio de Calidad, así como la certificación de las normas internacionales ISO, y dos veces el Premio a la Excelencia Empresarial.

En esa misma edificación, ubicada en medio de un frondoso jardín a la entrada del municipio de Marianao, también presta servicios el restaurante Rodney, muy visitado por grupos de turistas, especialmente canadienses. Se unen a ese conjunto el restaurante Los Jardines, de comida gourmet, y el salón Arcos de Cristal, donde se celebran actividades variadas con grupos de turistas y sirve de escenario alternativo cuando la lluvia se interpone al habitual y esperado momento bajo las estrellas.

Dos horas sin parar

Con la participación de 272 artistas, Tambores en concierto transcurre durante dos horas. El espectáculo va pasando por diferentes cuadros para propiciar un disfrute sui géneris que goza de la preferencia de nacionales y foráneos. Con coreografía de Armando Pérez Sánchez, director artístico de Tropicana, comienza el primer cuadro con una guaracha animada a la cual sigue el número titulado Tambores en Tropicana y cierra con el Cumbanchero, un arreglo especial realizado por el maestro José Luis Cortés.

Al describir el segundo acto, el Jimagua, apelativo con el que se hizo famoso al otrora bailarín y actual director artístico, explicó que comienza con la pieza musical No puedo ser feliz, de Adolfo Guzmán, cantada por el coro y recreada con una pareja de baile y las modelos que adornan el escenario. Prosigue con un gran baile de salón, una contradanza, que tras un cambio brusco se actualiza y convierte en una rueda de casino.

"Después viene el cuadro de la rumba y del negro enamorado y termina con el tema de la chancletera de María la O. Continúa con una pincelada española con el tema de Granada, un clásico interpretado por un tenor, pero después entramos con un número de raíces españolas, pero con ritmo africano, Bembé doble, de Bobby Carcassés que se montó con una línea muy moderna de Danza Contemporánea", puntualizó.

Seguidamente se presenta el llamado cuadro exótico afrocubano, un ícono de Tropicana, que muestra las luchas entre dos tribus antagónicas y el final trágico de una historia de amor entre el príncipe y la princesa. "Todo en perfecta ilación dramática, una genialidad del maestro Tomás Morales", apuntó el director artístico.

Entonces sale a escena otro cuadro sobre La Habana de noche, una metáfora acerca del encuentro del espíritu del tambor y la presentación del clásico símbolo de Tropicana con una danza en punta, un pax de deus. Después se muestra el número de la guaracha con la típica bailarina morena, luego la figura invitada y a continuación la variedad circense que da paso al gran coral final, con un tema escrito específicamente para esta ceremonia.

Explicó el artista que como los tiempos han cambiado, y ahora al público le gusta participar en el espectáculo,  "hacemos una conga y todo el cuerpo de baile baja del escenario e invita al público,  así dejamos el ambiente caliente".

En su opinión,  esa superproducción resume gran parte de la cultura cubana como se ha hecho siempre desde los inicios del cabaré donde había rumba, guaracha y son. Recuerda que el célebre Fernando Ortiz, lo calificó como la catedral del ritmo, "por ser auténticamente cubano", señaló.

Ese mismo espíritu de cubanía se mantiene ahora, así como el rigor y la disciplina, al estilo de las compañías para lograr una obra de calidad reconocida, aunque Armando Pérez asegura  que "jamás en mi vida pensé que pudiera ser el director, pero como soy una persona de retos, doy mi modesto esfuerzo con lo que aprendí de los grandes maestros".

Desde ahora anuncia su deseo de que en 2015 tenga salud y pueda seguir adelante con la premisa de su generación de ser cada día mejor, al respecto afirmó: "eso es lo que nos hace superarnos profesionalmente y ante todo, humanamente".