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Viable propuesta contra el poder de los mercaderes de las finanzas
5
de Marzo del 2010
Ledys Camacho Casado
“La crisis puede convertirse en un arma poderosa para reducir a los individuos y las naciones a la impotencia”, afirmó el especialista Pedro Páez Pérez en el Encuentro de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, que en su duodécima edición sesionó en el Palacio de Convenciones de La Habana.
El Presidente de la Comisión Técnica presidencial ecuatoriana para la creación de los componentes de la nueva arquitectura financiera regional, explicó por qué no es posible salir de la crisis del capitalismo sin salir del capitalismo de crisis.
Y es que no se avanza en hallar la puerta de ida aunque algunos se hagan ilusiones con cifras de indicadores del PIB o posible y pronta escapatoria de la debacle que en todos los órdenes agobia al mundo.
El experto señaló que se trata de enfrentar una bifurcación histórica en la que, por un lado el capitalismo entra en una etapa de descomposición, en la cual rompe con aquellas conquistas civilizatorias que por siglos ha ido construyendo desde la barbarie, y por el otro, se impone la capacidad de recuperar la coherencia dinámica de los procesos de producción y consumo, a partir de una construcción social que pondera el humanismo, la democracia y la solidaridad.
Amén de la necesidad de replantearnos la urgencia de la medición del problema de la crisis, que en su carácter exógeno responde para muchos a la incompetencia, la corrupción de banqueros y la irresponsabilidad de tantos reguladores.
Depurar esos excesos no resulta suficiente, sobre todo si se acude a buscar un par de chivos expiatorios y se protege a los mismos corruptos e inoperantes que la provocaron, mientras hoy, en recompensa, reciben bonos multimillonarios con el dinero de la gente.
Entre estos sobresalen organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que se encoge de hombros en una muestra de arrogancia financiera, sin precedentes en la historia para sobrevivir más allá de su tiempo a costa de desangrar a los pueblos porque “la lógica productiva actual ya no es una solución para la mayoría agobiada por el peso del capital”.
Como expresión de la bancarrota teórica, ideológica y operativa del neoliberalismo, el FMI y sus compinches en las finanzas y el comercio, aún pretenden mantener la absurda política de la condicionalidad del ajuste para prestar ayuda financiera a los países.
Para otros, según sostiene Páez, la crisis es endógena por ser la autodepuración de lo que se vuelve pernicioso para el funcionamiento de la sociedad como el derroche, la especulación, el guerrerismo, la destrucción de la naturaleza, entre otros males.
En su presentación de la “Nueva arquitectura financiera, condición necesaria y no suficiente para una respuesta de los pueblos a la crisis sistémica”, el estudioso argumentó que se están reforzando las condiciones que desataron la crisis pues, por ejemplo, mediante los salvavidas bancarios se está dando un cheque en blanco a los mismos entes que la provocaron y hoy generan un proceso de metástasis con peligro de contagio general.
Una crisis del modo de regulación implica dejar atrás al neoliberalismo y los programas de ajustes que lo identificaron y le permitieron a los poderosos seguir el saqueo de los recursos de los más débiles en materia económica hasta exacerbar las condiciones de polarización social entre los del Norte y el Sur a niveles inaguantables.
Pero el estallido de la crisis del modo de producción capitalista significa que ya desde la lógica de la ganancia que impone el imperio del capital y el libre mercado, no hay viabilidad ni sustentabilidad económica posible, de acuerdo con la opinión del experto ecuatoriano, quien subrayó que se impone construir colectivamente una agenda planetaria con una nueva arquitectura financiera entre sus elementos esenciales.
La propuesta se basa en cambiar el modo de producción pero también el de vida, cual exigencia para dejar atrás una crisis sistémica que potencia el carácter totalitario, guerrerista y especulativo del poder del capital para concentrar toda la energía social y política en sus puntos neurálgicos y generar transformaciones trascendentes.
Muy similar a lo que construyen en sus países los actuales gobiernos de Bolivia, Venezuela o Ecuador, este último llevando a su máxima expresión posible la Revolución Ciudadana que abarca la democracia en lo político y económico al enfatizar en su esencia redistributiva y en su afán por deshacer los vínculos de dependencia con el capital.
La transformación incluye afrontar la hipertrofia parasitaria del mundo financiero porque la crisis, al destruir las fuerzas productivas, se convierte en un instrumento brutal para reducirnos como seres humanos.
Las salidas multidimensionales del modo de producción capitalista en un momento senil de su vida, cuando ya no le queda nada de sensatez, no pueden asociarse tampoco a las decisiones de un grupo de apenas siete países, los más industrializados del planeta, de espaldas a lo que acontece y conviene a los más de 190 Estados que integran hoy las Naciones Unidas.
La globalización en todas sus facetas impone múltiples desafíos a la futura evolución y salida de la crisis y, en el caso de Latinoamérica aparecen varias alternativas como la reconfiguración de su arquitectura financiera
Las acciones más inminentes, según opinó Páez, incluyen la donación de los derechos especiales de giro del Norte para enfrentar las tareas más urgentes de hambruna, extrema pobreza y crisis ambiental, así como el fortalecimiento de arreglos monetarios en bloques regionales y la responsabilidad proporcional en el financiamiento de los bienes públicos globales.
Se citan en la propuesta, romper el monopolio de Estados Unidos sobre la liquidez internacional, declarar la moratoria y auditoría de la deuda externa, bloquear la reestructuración del poder de chantaje del FMI, limitar las posiciones especulativas en futuros en los mercados de energía y alimentación, y aplicar el impuesto Tobin en todas las transacciones financieras.
Como prioridades el especialista abogó por una agenda planetaria urgente que permita liberar excedentes de reserva internacionales para el desarrollo, el establecimiento de nuevos mecanismo Sur-Sur y el control del capital y las regulaciones financieras, así como la fundación de una banca de nuevo tipo.
Se sugiere la consolidación de un nuevo sistema de compensación de pagos que replique a nivel regional como la experiencia del Sucre que propenda a la eliminación o sustitución del uso del dólar en las transacciones comerciales, además de replantear el papel de los Bancos centrales en cada país.
Solo en la región se cuentan unos 500 000 millones de dólares en reservas internacionales para enfrentar ataques especulativos, una cifra considerable si se destinara al desarrollo de infraestructuras, educación, salud y al aparato productivo.
Asegurar el derecho universal al trabajo, a un ambiente saludable y tener en cuenta las capacidades reales de cada país de emprender políticas contracíclicas y lograr la convergencia hacia un sistema cambiario no especulativo de tipo de cambio estable, se añaden a la instauración de la cooperación Sur-Sur y al despliegue de iniciativas integracionistas como la de la ALBA.
Esta nueva arquitectura financiera podría muy bien reconocer que “la ciencia se erige en sólido sustento de posiciones ideológicas, políticas y prácticas que permiten trascender hacia una concepción prospectiva del desarrollo, apoyados en el paradigma de que los estudios y las acciones estén en función de transformar el presente con vistas a alcanzar el futuro deseado y viable”.
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