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José Luis Cuevas expondrá en La Habana

15 de Enero del 2008

El maestro mexicano trae 61 piezas que serán exhibidas a partir del 28 de este mes en la Galería Latinoamericana de Casa de las Américas. Se trata de dibujos, esculturas, pinturas y grabados. También incursiona en el periodismo y ha dictado conferencias sobre plástica, literatura y cine

La figura más extrovertida de la Generación de Ruptura, José Luis Cuevas, cobra notoriedad gracias al manifiesto conocido como la Cortina de Nopal (publicado en el Suplemento México en la Cultura del periódico Novedades entre 1957 y 1959).

En esa serie de artículos da a conocer su ideario estético, basado en la libertad de expresión tanto formal como temática entre los artistas jóvenes que querían alejarse de la Escuela Mexicana de Pintura, particularmente del muralismo.

Esa postura anticonformista culmina con la realización de un Mural Efímero (término contradictorio con el que satiriza las pretensiones de continuidad de ese movimiento). El acto tiene lugar en una concurrida esquina de la Zona Rosa, conocido barrio capitalino, que en sus inicios fuera punto de reunión de intelectuales y artistas, bautizado por él con ese nombre.

Dicho happening revela sus enormes dotes autopublicitarias pues levanta gran revuelo entre los asistentes, siendo ampliamente comentado por la prensa nacional y extranjera.

Expresionista por influencia de José Clemente Orozco lo mismo que por una ferocidad gestual que nos recuerda a la estatuaria prehispánica -particularmente mexica- es la obra en su primera etapa. Hacia la década de los 60 se revela como uno de los más prestigiosos litógrafos contemporáneos, gracias a las series hechas en los Estados Unidos: Recollections of Childhood (1962) y Cuevas Charenton (1964), en Los Angeles; Crime by Cuevas, en Nueva York (1968), y Homage to Quevedo (1969), en San Francisco.

La literatura ha permeado su obra desde que ilustró Los Mundos de Kafka y Cuevas (Filadelfia: Falcon Press, 1957), libro de lujo considerado como un valioso aporte a la bibliofilia contemporánea. Uno de los grandes representantes del neofigurativismo, forma parte también de la corriente interiorista, a favor de un arte más inclinado hacia la problemática existencial, con una visión neohumanista.
En los años 70 consolida su presencia como una de las más originales y polémicas personalidades de la cultura contemporánea mexicana. No obstante, al sentirse incomprendido se autoexilia en Francia, donde reafirma su prestigio con la gran retrospectiva de dibujo que le dedica el Museo de Arte Moderno de París.

La década de los 90 se caracteriza por un significativo incremento de su actividad escultórica, con bronces de diversos tamaños, entre las que sobresale La Giganta (1991), espectacular pieza que ejemplifica la dualidad masculino-femenina, realizada especialmente para el patio del Museo José Luis Cuevas (1992), en el que se aloja la colección de arte latinoamericano contemporáneo y europeo (fototipos de dibujos originales de Rembrandt y dos series gráficas de Pablo Picasso) donada por el artista y su esposa para ser exhibida en el viejo convento de Santa Inés, original del siglo XVII, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
Retoma la influencia española -inspirada ahora en la cultura popular de Andalucía y en la lectura de las Soledades de Góngora- para realizar los dibujos de la Suite Andaluza (1993) durante una estadía de varios meses en Sevilla, ciudad que junto a París y la yucateca Mérida -tierra natal de su madre- figuran entre sus preferidas.
Ha sido merecedor de importantes galardones y distinciones como el Primer Premio Internacional de Dibujo en la V Bienal de Sao Paulo (1959), el Primer Premio Internacional de Grabado en la I Trienal de Nueva Dehli (1968), el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México (1981), el Premio Internacional del Consejo Mundial de Grabado, en San Francisco (1984), entre otros.

Vigoroso polemista, ha dictado numerosas conferencias en las que vierte su vasta cultura plástica, literaria y cinematográfica. Como escritor se ha destacado cultivando el periodismo autobiográfico para el suplemento dominical El Búho de Excélsior con la columna Cuevario (1985-1998). Con la extinción de dicho suplemento, su columna comienza a aparecer en el periódico, El Universal. Es autor de varios libros autobiográficos, el más reciente titulado Gato macho (1994), que contiene una extensa selección de esas aportaciones periodísticas.

José Luis Cuevas confiere al autorretrato un lugar preeminente en su ejercicio plástico, haciendo de esa práctica un cotidiano ritual a través del cual es posible advertir su obsesiva y profunda meditación sobre el paso del tiempo y la muerte.

Con la enfermedad y muerte de su esposa Bertha (directora del Museo José Luis Cuevas de 1994 a mayo de 2000) finaliza la costumbre del retrato fotográfico que ella le tomó diariamente desde 1955, cuando se conocieron, hasta pocos meses antes de su deceso. Concluye el 2000 inaugurando la escultura monumental Hombre mirando al infinito: Homenaje a Bertha Cuevas en la capitalina plaza Necaxa, para después trasladarse a Copenhague, donde inaugura la muestra José Luis Cuevas: un expresionista mexicano, presentada en el 2001 en el Museo de Mataró, Cataluña, España.

(Fragmentos de un trabajo aparecido en el proyecto Tierra en Internet)

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