|
Varadero
Un verano todo el año
3
de Diciembre del 2007
De salina a ciudad balnearia más importante de Cuba, sus veintitantos kilómetros de playa y vegetación costera hacen las delicias de turistas y nativos
La península de Hicacos estaba poblada por aborígenes al momento de producirse el bien llamado Encuentro de Dos Mundos, como dejó sentado el inolvidable capitán Antonio Núñez Jiménez en ocasión del aniversario 500 de la llegada de Colón a Cuba. De ello dan fe las evidencias halladas en las cuevas de Ambrosio y de los Musulmanes y sus, hasta hoy, indescifrables pictografías.
Durante los siglos XVI y XVII los conquistadores explotaron hasta la saciedad las salinas del lugar, para autoabastecerse o enviar las hacia México y otras colonias americanas. De igual modo convirtieron en carbón grandes extensiones boscosas de la zona y de la futura ciudad de Cárdenas, ascendida a tal en 1828, sembrando caña y café y criando ganado vacuno en buena parte de sus planicies.
A mediados del siglo XIX algunos vecinos de Cárdenas, atraídos por la fina arena y las cálidas y transparentes aguas, alzaron algunas viviendas. En vano. El jején y el mosquito los derrotaron. Al tiempo volvieron, y de nuevo fueron ahuyentados por las plagas. Y una tercera intentona fue frustrada por recio temporal, que echó abajo lo edificado.
EL QUE PERSEVERA, TRIUNFA
En 1883, diez tenaces y tozudos cardenenses fundaron una suerte de sociedad anónima para construir un caserío, “con el fin de engrandecer y fomentar el poblado de Varadero”. En esta oportunidad ni zancudos ni tormentas frenaron a los “decenviros” -así nombraron a los diez padres fundadores del futuro balneario-, quienes por la modesta suma de 1 350 pesos españoles, adquirieron dos caballerías en la península, y acto seguido construyeron la iglesia, la plaza del mercado y el parque.
En diciembre de 1887 el Ayunta-miento de Cárdenas aprobó los planos del primigenio asentamiento, por lo que se considera esa fecha como la fundación oficial de Varadero.
Al desatarse las luchas independentistas, la zona fue testigo de tres desembarcos, dos de ellos durante la Guerra Grande; tomando en cuenta lo anterior, al llamado patriótico del 24 de febrero de 1895, los españoles respondieron con la construcción de un fortín en las alturas que preceden a lo que, años más tarde, sería el reparto Dupont.
Pero, su presencia no fue óbice para que en marzo del año siguiente, el general Enrique Collazo y medio centenar de hombres provenientes del vapor Three Friends, desembarcaran a poca distancia con un alijo de cien fusiles Remington y más de 140 000 proyectiles, vital inyección para las huestes mambisas del centro.
PARA IR A VARADERO SE NECESITA…
No, no una escalera larga, sino siete horas en tren desde La Habana a Cárdenas, y de aquí, abordar una goleta o un incómodo carretón. Así y todo, algunas familias cardenenses y muy contadas de la capital, establecieron sus cuarteles veraniegos. A principios del pasado siglo no pasaban de 25 las edificaciones. El agua potable se trasladaba en pipas tiradas por mulos y la mosquitera infernal continuaba.
Un buen día plantó sus reales Enrique Torres; primero levantó un quiosco para vender todo género de artículos, y en 1926 construyó el hotel identificado con su apellido, pionero de la actual industria sin humo varaderense y, que como me comentara hace tiempo el amigo Héctor Zumbado, “fue demolido en los años 60 para sorpresa, frustración y turbación de arquitectos e historiadores”.
(La demolición total ocurrió en 1971. N. del A.)
A finales de los años 20, a pesar de las inequívocas señales del colapso bancario que se gestaba en Norteamérica, la alta burguesía puso sus ojos en Varadero. Y por si no bastase, atrajo también la atención de un acaudalado yanqui, enriquecido sobre todo con la fabricación de dinamita. Me refiero a Irene Dupont.
Y en verdad el personaje era dinamita pura. Con la rapacidad que le distinguía, de inmediato fundó la Peña de Hicacos, S.A. A continuación, adquirió la mitad de Varadero -desde la actual calle 54 hasta la popular Cueva del Pirata-, o sea, unas 512 hectáreas, por la “simpática” cifra de ¡4 centavos el metro cuadrado! Una vez urbanizada la mayor parte del terreno, el metro cuadrado llegó a cotizarse desde 20 hasta 100 pesos. Es lo que digo: dinamita pura el Mr. Dupont.
Entre tanto, se construyó una mansión de cuatro pisos, numerosos cuartos y baños, biblioteca y hasta una cava soberbiamente abastecida, a lo cual agregó un campo de golf de nueve hoyos y un órgano valorado por entonces en 110 000 dólares. Órgano incluido, al estrenarla en 1931, la residencia había costado 710 000 dólares… en pleno desplome de la economía mundial.
Parece que Dupont dio la “largada” en la carrera por poblar a Varadero. Claro, me refiero a millonarios y de la alta burguesía, que pagaron bien pagados cada metro cuadrado para levantar sus villas de veraneo. Al modesto hotel Torres se unió, en 1931, el Kawama, y durante esta y la siguiente década, aparecieron el Imperial (1936), Dos Mares, Casa La Rosa, Vista Alegre, Casa Portilla Inn, Miramar, Chez Roig, Playa Azul, Varadero, etcétera, así como también muchas otras edificaciones fuera de la jurisdicción del pulpo Dupont, pero de todos modos valuadas en 40 000 ó 50 000 pesos. O sea, solo al alcance de la élite burguesa.
En 1950, y con el ánimo de dotar al balneario de casino, una compañía norteamericana inauguró el Hotel Internacional, que durante los siguientes años devendría emblema del lugar y muy exclusiva meca de los juegos de azar… hasta que “llegó el Comandante / y mandó a parar…”, como reza la popular tonada de Carlos Puebla.
119 AÑOS DESPUES
La actual ciudad balnearia de Varadero continúa creciendo en sus más de 20 kilómetros de playa.
El polo turístico está liderado por varias cadenas hoteleras cubanas y extranjeras, como Gran Caribe, Gaviota, Grupo Cubanacán, Sol Meliá, Barceló, etcétera, y cuenta con una potente infraestructura de restaurantes especializados en comida criolla e internacional, snack bar, tiendas y núcleos comerciales, marinas y centros de buceo con filiales en los hoteles. Desde la península también nacen diariamente opcionales hacia diferentes puntos turísticos, tales como Trinidad, Cienfuegos, Cayo Largo y otros.
Si tomamos en cuenta que Cuba es un eterno verano, y Varadero su emblemático polo turístico, ¡cuán lejos han quedado aquellos tiempos donde los “decenviros” enfrentaron plagas y tempestades para “clavar su pica en Flandes”, cuyo resultado se palpa hoy en las bellas y funcionales construcciones que adornan el entorno y atraen a decenas de miles de turistas de todos los continentes.
Imprimir
|