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Ciencia


Huracanes, un suero para los corales

2 de Septiembre del 2007
Ivet González Lemes

Un huracán será siempre un fenómeno destructor de ciudades, cultivos, y de todas aquellas fuentes de sustento de la vida cotidiana, sin embargo favorecen a esa maravilla de la fauna costera: los arrecifes coralinos

Al ojo de los humanos, enajenados hace siglos por la economía, un huracán será siempre un fenómeno destructor de ciudades, cultivos, y de todas aquellas fuentes de sustento de la vida cotidiana.

Sin embargo, en la naturaleza todo tiene una razón y los adjetivos negativos o positivos dejan de cobrar sentido.

Por esa razón, no resulta asombroso que uno de los efectos secundarios de esos fenómenos meteorológicos favorezca a una maravilla de la fauna costera: los arrecifes coralinos.

Al parecer, el refrán de lo que sucede conviene tiene una fuerte correspondencia con la naturaleza. Aunque el paso de un huracán puede destruir parte de los arrecifes por sus grandes olas, las corrientes de agua fría que deja el meteoro a su paso les permiten a los corales con determinado nivel de blanqueamiento “resucitar”.

Los corales son pequeños animales de pocos milímetros de diámetro que pueden fijar sobre sus tejidos el calcio disuelto en el mar. Gracias a esta capacidad particular, estos microorganismos logran formar estructuras parecidas a la piedra que popularmente se conocen como corales.

En realidad, los colores de los bellos arrecifes se deben a unas algas llamadas zooxantelas que viven en simbiosis con los corales, los cuales son blancos, al igual que sus “construcciones” de calcio.

Ambas especies conviven en una relación de interdependencia: estas algas realizan la fotosíntesis para proporcionarle alimento a los corales.

De hecho, el peculiar matrimonio ha sido clave para el éxito de los corales como constructores de arrecifes. La producción constante de energía por parte de las zooxantelas permite la reproducción y crecimiento de las estructuras vivientes más grandes del planeta, que puede llegar a medir varios miles de kilómetros.

Más que belleza arquitectónica, los arrecifes coralinos parecen grandes ciudades donde se congregan todo tipo de especies marinas. Las bondades de la flora también engalanan estas comunidades y contribuyen a una de sus funciones más socorridas: servir de abrigo y escondite a pequeños peces que huyen de sus depredadores.

Los científicos detectaron que varios arrecifes del Caribe y la Florida estaban despidiendo las zooxantelas de su interior, fundamentalmente, por el aumento de la temperatura del mar.

Este proceso se conoce como blanqueamiento de corales pues, al “emigrar” las algas que les confieren la coloración a los corales, estos poco a poco comienzan a quedarse blancos.
Cuando terminan de vestirse con su claro traje significa que murieron sin posibilidad de retroceso.

Desde mediados de la década del 80, el aumento del blanqueamiento de corales comenzó a amenazar a estos sorprendentes monumentos naturales.
Los factores que lo originan van desde lo global (los efectos de El Niño y el sobrecalentamiento global) a lo local (la sobrepesca, el turismo y la descarga de aguas contaminadas).

LA VIDA ES COLOR

El frío y los calores constituyen surtidores de vida en el caso de los corales.
El biólogo marino Derek Manzello, de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), detectó que la temperatura alrededor de cinco arrecifes de la Florida había descendido después del paso de huracanes recientes como Rita y Wilma.

Gracias a una baja de alrededor de dos grados Celsius, los corales en proceso de blanqueamiento del verano del 2005 se habían recuperado dos semanas más rápido que sus parientes del Caribe, por donde no pasó ningún meteoro, publicaron los autores en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences, de Estados Unidos.

“La franja que los huracanes refrescan del océano es más ancha que la franja donde ocurren los daños en los arrecifes provocados por las marejadas del meteoro”, especificó Manzello.

“Los huracanes son casi una bendición para ellos; en efecto, les dan un respiro a los corales estresados termalmente”, dijo.

Por otra parte, los meteoros también refrescan las aguas por su cobertura nubosa y, al parecer, sus efectos son más fuertes en la parte izquierda de su trayectoria por razones inexplicables para los especialistas hasta el momento.

Todavía los científicos no pueden precisar cuánto influirá en la frecuencia e intensidad de los ciclones el calentamiento de las aguas producto del cambio climático.

Pero, el saldo positivo de estos fenómenos meteorológicos para los corales proyecta una esperanza sobre su futuro, que estará marcado por las consecuencias del sobrecalentamiento global.

Manzello opinó al respecto: “Esta puede ser nuestra mejor esperanza para la persistencia de los arrecifes coralinos en los próximos 100 años”. Ojalá perduren, y a todo color.

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