Opciones

Semanario Económico y Financiero de Cuba

El problema del agua SÍ es problema

Cuántas veces escuchamos por los diferentes medios manidas oraciones  como "el problema del agua cada vez se agrava más", "hay que hallar una solución al problema del agua"… Sin embargo, el saco donde se echan esos reclamos tiene el fondo roto, y hasta los órganos de inteligencia estadounidenses toman cartas en el asunto

 

En marzo último publicaron la  Evaluación Nacional de Inteligencia de Estados Unidos: "Muchos países importantes para EE.UU. seguramente experimentarán problemas de agua, como escasez, mala calidad o inundaciones, que alimentarán riesgos de inestabilidad y de fracasos en el funcionamiento de los estados, incrementando las tensiones regionales"... O dicho en lenguaje llano: conflictos sectarios, aumento del terrorismo, crisis política, y, por qué no, hasta guerras locales por el líquido elemento.

Pero sucede que apenas cuatro meses después Chris Kojm, presidente del Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, fue más allá al afirmar que para 2030, "cerca de la mitad de la población mundial (actualmente más de 7 000 millones de personas) vivirá en áreas con severos problemas de agua, incrementando la probabilidad de asesinatos en masa", lo cual fue ratificado por el profesor de historia de la Universidad de Yale, Timothy Zinder, al manifestar en un simposio que "el pánico ecológico llevará a matanzas en las próximas décadas".

Entonces, el problema del agua SÍ es problema, ¿no cree usted?

No hay seguridad alimentaria sin seguridad hídrica

No fue casual, pues, que entre el 26 y el 31 de agosto pasados, el Instituto Internacional del Agua de Estocolmo acogiera a los participantes en la Semana Mundial del Agua, foro que se realiza desde 1991 y, en esta ocasión, preludio del Año Internacional de Cooperación para el vital líquido, a desarrollarse en 2013.

En un discurso pronunciado durante la ceremonia inaugural de la Semana, el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, destacó que "no hay seguridad alimentaria sin seguridad hídrica", y señaló que el reciente informe de la FAO, "El estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura", advierte que la escasez de agua y la contaminación suponen un riesgo cada vez mayor para los principales sistemas de producción de alimentos en todo el mundo.

"La agricultura, tal y como la practicamos hoy en día, es también una de las causas de este fenómeno, ya que representa el 70% del total del uso de agua dulce ", aunque reconoció que el sector de la producción alimentaria también ofrece un enorme potencial para cambiar la forma en que el mundo utiliza el agua.

"La agricultura es la clave para el uso sostenible del agua", aseguró el responsable de la FAO. "Para conseguirlo y satisfacer la creciente demanda mundial de alimentos, tenemos que producir de una manera que conserve el agua, la utilice de manera más sostenible e inteligente, y ayude a la agricultura a adaptarse al cambio climático", recomendó Da Silva.

Con ese fin, la FAO propone una nueva plataforma para la gestión del agua en la agricultura: "Afrontar la escasez de agua: un marco de acción para la agricultura y la seguridad alimentaria".

Ni el Oráculo tiene la respuesta

A ciencia cierta nadie puede predecir lo que pasará como consecuencia de la gran sequía que está afrontando el planeta; no obstante, quienes leen e interpretan las páginas del pasado reciente están muy preocupados. Y sobran razones para ello.

En algunas regiones del mundo, la sequía ha dañado la producción de cereales y contribuido al alza de los precios alimentarios prácticamente cada dos años desde 2007, acusando la necesidad imperiosa de transformar la forma en que se utiliza -e incluso despilfarra- el agua a lo largo de la cadena alimentaria.

Cuando el arroz, el maíz y el trigo se dispararon 100 % o más entre 2007-2008, y sobre todo el del pan, en más de dos docenas de países, como por ejemplo Bangladesh, Camerún, Egipto, Haití, Indonesia, Senegal y Yemen se produjeron "disturbios alimentarios", como eufemísticamente los catalogó la prensa occidental. Compelidos por el hambre, en ocasiones la muchedumbre chocó contra fuerzas del ejército y de la policía con el consiguiente saldo en muertos y heridos.

Entonces, los descomunales aumentos fueron atribuidos en gran medida al creciente costo del petróleo, que había encarecido la producción de alimentos, tomando en cuenta su generalizado empleo en múltiples actividades y agravado por el incontrolable desvío de tierras de cultivo hacia la producción de  biocombustibles.

Sin embargo, el principal culpable del aumento de precios entre 2010-2011 fue el cambio climático, luego de que una extrema sequía asolara a gran parte de Rusia oriental durante el verano de 2010, reduciendo en un quinto la cosecha de trigo en esa región y obligando a las autoridades a prohibir su exportación. El evento también afectó la cosecha de granos en China, mientras intensas inundaciones se encargaron de arrasar con gran parte de los cultivos de trigo australianos. En conjunto, estos desastres provocaron que el trigo aumentara más de 50 %, y el de la mayoría de los alimentos básicos hasta 32 %.

Como era natural, el fenómeno generó otra inmensa ola de protestas, cuyo foco esta vez se concentró en el Norte de África y el Medio Oriente. Las primeras obedecieron al costo de los alimentos básicos en Argelia y luego en Túnez, donde el detonante se nombró Mohamed Bouazizi, un joven vendedor de alimentos que se prendió fuego para protestar contra el acoso gubernamental. La cólera por el aumento de los precios de alimentos y combustibles en combinación con antiguos resentimientos por la represión y corrupción gubernamentales, desembocó en lo que hoy denominamos Primavera Árabe.

¿Hasta cuándo durará la Gran Sequía 2012?

Tampoco nadie lo sabe, aunque sí que sus consecuencias serán cada vez más severas, luego de que un reciente informe estadounidense identificara como zona de desastre la mitad de los condados donde se cosechan las principales producciones de maíz, soya y otros alimentos básicos. Como resultado -y sin constatar aún los daños en Rusia y otras regiones del mundo-, aumentarán los precios de alimentos dentro y fuera de Estados Unidos, provocando más miseria para los agricultores y los estadounidenses de menos ingresos, e incrementando hasta lo indecible la de los habitantes de aquellos países que dependen de la importación de granos desde esta nación.

El cambio climático, pues, está añadiendo "más leña al fuego" de los recursos hídricos para la agricultura. Si se tratase de una mala cosecha en un solo país, los restantes hubieran podido paliar las dificultades y concebido una recuperación en los venideros años. Lamentablemente, lo cierto es que la Gran Sequía de 2012 no es un hecho aislado en una sola nación, sino más bien una inevitable consecuencia del calentamiento global que se expande e intensifica.

Sin necesidad de apelar al Oráculo de Delfos y como única y exclusiva responsabilidad de quienes están conduciendo el mundo hasta sus últimos extremos, no solo podemos esperar más años de extrema canícula, sino peores, con olas de calor y sequías cada vez más frecuentes y letales en todo el orbe, y lo más triste: sin poder evitar su extinción definitiva.