¿Ormuz, o el Estrecho del peligro?
Gracias a sus socios estadounidenses, el arsenal atómico de Israel se calcula en unas 320 bombas, más que Francia y solo por detrás del Reino Unido. Sin embargo, la dirigencia sionista tiene al mundo en constante zozobra por oponerse a que Irán desarrolle la energía nuclear con fines pacíficos, a lo que ahora se suman las sanciones económicas
En el supuesto caso de que la República Islámica de Irán decidiera soberanamente construir artefactos nucleares, jamás podrá alcanzar al Estado de Israel en tal sentido. De facto, unos tres centenares de tan letales armas devienen ventaja casi imposible de superar, tanto más cuando su principal cofrade en materia de armamento es el autotitulado gendarme mundial, verbigracia Estados Unidos.
Por consiguiente, Irán está años luz por detrás de Israel en ese aspecto. Y como es natural resulta, más que absurdo, estúpido afirmar que un país va a atacar a otro que tenga un poderío nuclear tan poderoso; no conforme con ello, no hace mucho la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, amenazó con "desaparecer" a Irán de la faz de la Tierra con bombas nucleares "si atacaba con bombas convencionales a Israel". ¿En cuál hemisferio cerebral se le han extraviado la sensatez y la responsabilidad a la ex primera dama estadounidense?
Obviamente, la alharaca orquestada ante el derecho de Irán a desarrollar medios nucleares con fines pacíficos es un burdo pretexto enfocado hacia algo de mucho más pe$o: el petróleo iraní, no por gusto cuarto productor mundial y tercero en cuanto a exportación. Pero ojo: tan criminal estrategia no se limita solo a la antigua Persia. El imperio yanqui y sus acólitos tienen en el punto rojo del colimador a otros tres grandes productores, como Venezuela, Nigeria y Kazajstán. Basta ojear algunos informes "desclasificados" por wikileak para confirmarlo…
Por otro lado, Irán ha tenido que acostumbrarse a vivir no solo con amenazas bélicas sino con arbitrarias sanciones por parte de la Unión Europea y Estados Unidos por el simple hecho de ser una incuestionable potencia petrolera.
El pasado martes 31, el presidente de Irán Mahmud Ahmadineyad tuvo que salirle al paso a una nueva patraña orquestada en Occidente. Durante la inauguración de dos grandes proyectos petroleros en la refinería de Shahid Tondgoyan, cercana a Teherán, el mandatario acusó a las potencias mundiales de manipular políticamente el tema del petróleo para presionar a países productores, y propuso que Irán paralice su exportación de crudo, sustituyéndola por productos refinados.
"Los precios del crudo están basados en la situación política, en lugar de las condiciones económicas. Si no fuera así -aclaró Ahmadineyad-, el precio real del petróleo debió haber estado mucho más alto en el mercado de lo que está en el presente".
Ambos proyectos comprenden una unidad para producir gasolina, con un plan de generación de 2,8 millones de litros diarios, y otra para optimizar y mejorar la calidad de los productos de la refinería.
En el acto inaugural, el máximo dirigente iraní consideró que la República Islámica debe detener sus exportaciones de hidrocarburo "dado que el tema ha sido manipulado por potencias industrializadas", y centrarse en vender productos refinados, con lo que puede suplir carencias de gasolina y las medidas punitivas. En cuanto a las sanciones aplicadas durante años por Estados Unidos a su industria petrolera, y las adoptadas a partir del pasado primero de julio por la Unión Europea, Ahmadineyad comentó:
"Es muy gracioso. Occidente usa el petróleo como un arma política contra un país productor, y eso destaca entre los comportamientos más ridículos". De acuerdo con el mandatario persa, los enemigos de Irán no podrían tolerar que el país haya encontrado acceso a la tecnología de producción en ese sector y que satisfaga todas sus demandas, y para remachar, les recordó que la refinería de petróleo de Shahid Tondgoyan fue la primera plenamente administrada por expertos iraníes, lo cual -subrayó- "es un indicativo de la completa nacionalización de la industria petrolera de Irán".
Derecho de réplica
Mahmud Ahmadineyad ha dado muestras de ser un estadista racional y sereno, y por tanto incapaz de seguirle el paso a quienes están jugando con fuego en una región tan peligrosamente inflamable como el Oriente Medio.
Sin embargo, la coalición yanqui-sionista no cesa de amenazar a su nación. En justo derecho de réplica, el mandatario iraní ha declarado que para protegerse de un ataque directo de la armada estadounidense, no dudaría en cerrar con sus propios barcos el Estrecho de Ormuz, que se extiende desde Irán a los Emiratos Árabes Unidos y al enclave omaní de Musandam, de entre 60 y 100 kilómetros de ancho.
Nación de una cultura antiquísima (mucho antes de llamarse Persia ya la compartía con Mesopotamia, el Irak de hoy), Irán tiene la gloria de ser una de las civilizaciones más antiguas -e incluso hasta la primera-, sobre la base de que la denominada Revolución Agrícola ocurrió por primera vez en el Valle de Ali Kosh, cercano al Tigris, que ambos países compartían.
Ahora bien, de producirse el cierre del Estrecho de Ormuz por el gobierno iraní, la medida pudiera ser el primer capítulo de una guerra entre varias naciones de la región, aupadas por Estados Unidos, cuyas consecuencias serían desastrosas… Y esto, sin descartar el latente peligro nuclear que entraña la administración sionista.
Científicos de todo el planeta coinciden en que la explosión de 200 o 300 bombas nucleares de apenas un cuarto de megatón cada una, colgaría del firmamento tal cantidad de fragmentos que serían capaces de bloquear la energía proveniente del Sol, provocando lo que se ha dado en llamar el Invierno Nuclear, fenómeno que haría desaparecer la vida vegetal y animal de la Tierra en cuestión de meses.
Y un par de cifras antes de concluir. A través de la mencionada vía marítima transita 40 % del comercio marítimo mundial de crudo y alrededor de 25 % de su consumo diario. Por tanto, cada día que pasa, y muy lamentablemente, el Estrecho de Ormuz parece destinado a nombrarse el Estrecho del peligro.