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Galería de arte bajo tierra

El subterráneo moscovita no solo es el principal medio de transporte público de la capital rusa, sino clara y definitivamente uno de sus grandes motivos de orgullo y uno de sus mayores atractivos turísticos, que maravilla a los visitantes de esta gran ciudad. Tanto es así, que mueve alrededor de 3 341 500 000 pasajeros al año

Gracias a sus 182 estaciones distribuidas en 12 líneas y una longitud de tendido subterráneo de 298 kilómetros, el Metro de Moscú es el tercero más extenso del mundo después de los de Londres y Nueva York. Pero hay un detalle que lo distingue de aquellos: 44 de dichas estaciones son monumentos arquitectónicos y han sido premiadas en numerosos concursos internacionales.

Como Moscú es una ciudad que cuenta con casi 12 millones de habitantes y una población flotante de otros tres millones diarios, mediante el Metro se mueven 9,2 millones de personas cada jornada, y en las horas "pico" sus trenes circulan con intervalos de apenas un minuto y a una velocidad promedio de 90 kilómetros por hora. Y un dato revelador: en 1997, durante los festejos del aniversario 850 de la fundación de la capital moscovita, el metropolitano transportó un promedio de 14 millones de personas diariamente, récord que hasta ahora permanece intacto.

Su primera línea, entre las estaciones Sokólniki y Park Kulturi, de 8,4 kilómetros de longitud, fue inaugurada el 15 de mayo de 1935, apenas un año después de la aprobación del proyecto de su construcción. Actualmente, el sistema de transporte subterráneo cuenta también con una línea de circunvalación (la número 5) con casi 300 kilómetros y que conecta con las restantes. La distancia promedio entre sus estaciones es de 1 800 metros.

Si unimos linealmente todas las escaleras automáticas del Metro, alcanzaría una longitud superior a 40 kilómetros. Asimismo, la mayoría de las estaciones se encuentran en profundidades que van desde 50 hasta 100 metros, pero hay también sectores de vías que no son tan profundas y algunas que salen a la superficie. Las estaciones mantienen en el verano una temperatura no mayor de 25 grados y en invierno no menor de 15 grados sobre cero.

Palacio de arte 

Para muchos moscovitas el Metro ha devenido parte necesaria de la rutina cotidiana en la cual invierte más de una hora cada día, por lo que las obras de arte presentes en 44 de sus estaciones les pasan inadvertidas. Sin embargo, para el foráneo no ocurre así…

Amén de constituir el principal medio de transporte público capitalino, uno de sus grandes motivos de orgullo, y sin duda alguna de singular atractivo turístico, son la magnificencia de sus vestíbulos, la longitud de sus escaleras mecánicas, donde son recibidos por una variedad de mármoles y granitos capaces de dejar boquiabierto a los que descubren este sorprendente mundo subterráneo.

Entre las joyas arquitectónicas del metropolitano figura la estación Novoslabódskaya, construida por los arquitectos Dushkin y Strelkov en los años 1949-1954. Por primera vez  aquí se emplearon vidrieras polícromas (32 en total) cuyos bocetos fueron obra del pintor Korin de Riga.

Se distingue también la estación Kíyevskaya, concebida por los arquitectos Katonin y Golubev en 1954, en honor al aniversario 300 de la reunificación de Rusia con Ucrania, cuyas columnas están engalanadas con 18 paneles mosaicos que representan escenas de la vida del pueblo ucraniano y de su amistad con el pueblo ruso, así como los episodios de la lucha común durante la Gran Guerra Patria de 1941-1945.

Le sigue la estación Belorrúskaya, obra de las arquitectas Bíkova y Taránova. Sus columnas están engalanadas con 12 paneles mosaicos hechos por el pintor Oprishko, dedicados al pueblo de la República de Belorrusia. Se halla cerca de la estación de ferrocarril de Belarrusia, de allí vienen su tema y su nombre.

Muy popular y notablemente bella resulta la estación Park Kulturi, próxima al parque del mismo nombre y reposo eterno de Máximo Gorki. Por eso en los medallones de las columnas de la estación se pueden ver las imágenes de los jóvenes jugando al fútbol, ajedrez, esquiando, bailando, etcétera, y en la pared del extremo de la sala central el retrato escultórico del famoso escritor soviético.

Sin duda, la estación Komsomólskaya, también de 1954, sobresale entre las joyas de esta galería subterránea moscovita. El arquitecto Shusev y el pintor Korin plasmaron en sus 72 columnas detalles del realismo soviético; su techo está engalanado con nueve arañas gigantescas y ocho grandes paneles mosaicos dedicados a los defensores de la tierra rusa, como por ejemplo Alejandro Nevsky, Minin, Pozharsky, Dmitry Donskoy y otros, y se considera una de las más grandes e importantes estaciones, situada en el centro de tres cardinales núcleos ferroviarios: Yaroslavl, Kazan y Leningrado.

Pero Moscú es también la única ciudad en el mundo cuyo Metro presentó una muestra de cerámica en la estación Vorobiovy Gory, hecha de vidrio y situada en el puente sobre el río Moscú. Y esta no fue la única exposición del subterráneo. En muchas estaciones se pueden ver fotografías de la época soviética, varios vagones se convirtieron en pinacotecas de artistas modernos y obras de la Galería Tretiakov. En la de Delovói Tsentr funciona la galería Metro con imágenes de destacados fotógrafos rusos modernos.

Asimismo, hay trenes dedicados a importantes acontecimientos históricos, como por ejemplo el denominado Flecha Roja, originalmente el nombre del antiguo expreso Moscú-San Petersburgo, o el de la batalla de Kursk. Además hay otro modelo individualizado, el tren-pinacoteca Acuarela, pintado por fuera de flores mientras que por dentro exhibe obras del afamado acuarelista contemporáneo Serguéi Andriaka y de algunos de sus más talentosos alumnos.

Finalmente, ya se materializó el proyecto cultural  denominado "el Moscú que lee", donde los vagones que participan sustituyen la publicidad con fragmentos de obras de escritores rusos o extranjeros, como es el caso de la iniciativa de los vagones de poesía chilena. "De todas formas algo siempre está escrito en las paredes," comenta el director del proyecto del Instituto del Libro, Alexandr Gavrílov, y agrega: "Me gusta que el metro ruso siga desarrollando la idea del laureado Nobel, el poeta Iósif Brodski, sobre los versos en los espacios comunes. A decir verdad, el primero que pensó en colocar lírica en el subterráneo fue Brodski, pero el elegido fue el de Nueva York. "Cuanto más cercanos a la persona están los versos, más fácil encuentran su camino hacia ella", destacó.

Su metro es uno de los primeros del mundo por densidad de pasajeros: y cerca de 9,2 millones de personas lo utilizan al día. Históricamente se considera que Rusia es una nación con una cultura y una educación centrada en la literatura y de hecho es bastante común encontrar a muchas personas leyendo en el metro. Pero los tiempos cambian y hay hábitos que se van dejando de lado. Por ello, y porque la vida del ciudadano está llena de publicidad (a lo que contribuyen las paredes de los vagones del metro, repletas de mensajes publicitarios), aprovechando que los moscovitas pasan una buena parte de su vida en el metro, la dirección del subterráneo ruso ha elaborado e inaugurado varios proyectos culturales que tienen como objetivo el crecimiento del interés por la literatura, la historia y el arte nacional e internacional.