La primera medalla, como el primer beso, no se olvida jamás
Jefferson, el marchista ecuatoriano puede colgar los “pinchos” como atleta cuando lo desee
“Para ser un campeón olímpico y un campeón del mundo tuve que renunciar al complejo de inferioridad psicológico que nos dejaron 500 años atrás”.
La frase expresada hace algunos años por el marchista ecuatoriano Jefferson Leonardo Pérez Quezada quizá se ha convertido para él en algo inseparable de sus pensamientos, sobre todo cada vez que se propone algo grande en la vida.
Desde que asomó sus poderosas piernas y, sobre todo su voluntad de hierro, muchos pensaron que aquel joven originario de Cuenca había llegado al atletismo para escribir historia en una modalidad tan exigente como la marcha.
Le correspondió el tremendo honor de convertirse en el primer medallista de oro procedente de la región latinoamericana y caribeña durante el XI Campeonato Mundial de Atletismo dirimido en Osaka, Japón, con la cifra récord de 203 federaciones nacionales, una más que las congregadas en Sevilla, España, en 1999.
Ante una afición, que se proclama conocedora acerca de la prueba que estaba presenciando, el esforzado marchista se consagró durante una cálida mañana dominical para adueñarse sin contratiempo alguno de su tercera medalla dorada a la distancia de 20 kilómetros en citas universales.
Este hombre atesora el mejor registro de la especialidad y su sola presencia en las calles de la populosa ciudad japonesa inspiraba respeto, no solo para aquellos que admiraban su cadencioso andar sino entre las decenas de rivales que llegaron a la porfía con una carga de sueños y esperanzas.
Supo dosificar sus fuerzas para terminar con una ventaja de 20 segundos sobre sus perseguidores, a quienes dejó atrás cuando faltaban dos kilómetros para llegar a la línea de meta.
No faltaron las controversias después que el campeón olímpico en Atlanta ’96 cruzó la raya de sentencia porque la plata fue para el empecinado español Francisco Javier Fernández.
“Paquillo” originalmente fue descalificado por una supuesta “falta” detectada por los jueces a unos pocos metros de la meta; después de la reclamación vino la consabida rectificación y el ibérico pasó en instantes del susto a la alegría compartida por muchos de sus seguidores.
Apenas un mes antes el ecuatoriano “paseó” por las avenidas de Río de Janeiro, donde se hizo del triunfo en ocasión de su presencia en los XV Juegos Panamericanos.
Consumada su segunda victoria en un lapso tan breve, Jefferson explicó a la BBC cuál fue su estrategia para mantenerse con tanta firmeza en la senda de los campeones.
“Comencé a luchar desde el primer kilómetro, porque algo que aprendí durante estos 20 años es que hay que entregar respeto y honor a cada uno de los rivales.
“Los favoritos no existen en la pista. En la pista existen hombres y hay que darle el respeto a cada uno de ellos. Para mí cada uno de ellos era favorito”.
UN HOMBRE CON VIRTUDES Y DEFECTOS
En Ecuador y otras naciones, sobre todo de nuestra América, este atleta jamás se ha encandilado con el brillo de sus victorias en escenarios de la alta competición.
Uno de los tantos ejemplos que pudieran argumentar lo antes escrito apareció reflejado cuando en Osaka alguien le preguntó si se consideraba una figura digna de brindar inspiración a los latinoamericanos y de inmediato respondió que la región no necesita campeones olímpicos.
“Latinoamérica necesita líderes, líderes honestos, con dignidad. Líderes que estén dispuestos a dar su vida por defender los principios de respeto, honor y cada uno de aquellos principios que nos enseñaron mamá y papá. Esos líderes los necesita y debe tener Latinoamérica”, señaló.
Jefferson no es perfecto. A sus virtudes se unen defectos, como los que aparecen en la vida de cualquier ser humano, sin embargo justo es consignar que durante su larga trayectoria como atleta ha recibido numerosos premios acorde con los resultados.
La relativa holgura económica que le ha acompañado durante los últimos diez años posibilitó que le surgiera la idea de crear una Fundación que lleva su nombre y de la cual es director.
¿Objetivos de la Fundación? promover la educación en su país y brindar asistencia médica tanto a los niños como a los más necesitados.
TODO LO QUE COMIENZA TIENE SU FIN
Su impresionante carrera deportiva, sin embargo, también está llegando a la línea de meta.
“Este es mi último mundial y espero Dios mediante poder llegar el próximo año a las olimpiadas, pero creo que este es ya mi último mundial”.
Al analizar las razones de haber sido el artífice de la primera “Más que todo siento paz. De haber hecho bien las cosas y no haberle fallado a mi equipo”, dijo.
Una década hemos vivido a partir del instante en que el mejor marchador del mundo en 20 kilómetros se ganó la admiración de los checos tras imponerse en la Copa del Mundo.
Su propósito de “llegar a los límites de la excelencia”, y sus tres títulos mundiales, unidos al olímpico, confirman que este atleta quizá ha sobrecumplido los sueños que lo desvelaron en sus primeras andanzas.
Hace 15 años Jefferson se impuso en el Campeonato del Mundo junior disputado en Corea del Sur, en la distancia de 10 kilómetros, pero incluso dos años antes, había conquistado la medalla de bronce en otra contienda de ese mismo nivel en Plovdiv, Bulgaria. Fue monarca continental juvenil desde 1998 y hasta 1993 y un año antes de su consagración olímpica en Atlanta devino medallista de oro en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata, Argentina, esa vez en la prueba a 20 kilómetros.
Su desandar en Juegos Olímpicos tuvo a Barcelona ’92 como punto de partida, pero allí no pudo acabar la prueba. En aquel instante estaba lejos de pensar que la consagración sería cuatro años después.
Su primer ascenso al podio fue como segundo en el Campeonato del Mundo disputado en Sevilla, España, siempre en la distancia de 20 kilómetros. Es cierto que no pudo repetir la victoria al quedar cuarto en Sydney 2000, sin embargo, tres años después lideró en el Campeonato del Mundo de París.
En la cita de Atenas 2004 estuvo a punto de subir por segunda vez al podio olímpico, pero al igual que le ocurriera cuatro años antes, tuvo que conformarse con el cuarto puesto. Todo no siguió siendo tristeza porque revalidó su condición de monarca en el Campeonato del Mundo de Helsinki 2005 y la historia más reciente en Osaka está latente en la memoria.
Jefferson puede colgar los “pinchos” como atleta cuando lo desee. Este ecuatoriano de pura cepa ya se ha ganado un puesto en la historia del deporte, tanto en su país, como en América y el resto del universo.