El zurdo de Juanelo tejió una bella historia
Durante 68 años el deporte cubano esperó por la conquista de una medalla de oro en los Juegos Olímpicos, luego de hacerlo los esgrimistas Ramón Fonst y Manuel Díaz
Tras la espera, por fin llegó el codiciado galardón la histórica tarde del domingo 10 de septiembre de 1972, durante la jornada final boxística, celebrada en Munich, Alemania.
Orlando Martínez Romero, boxeador zurdo, nacido en el habanero barrio de Juanelo el 2 de septiembre de 1946, fue el primero de los pugilistas vencedores.
Precisamente era la primera vez que dos peleadores latinoamericanos discutían el título en esas competencias. Su rival resultó el mexicano Alfonso Zamora, en la división de 54 kilogramos.
El Zurdo de Juanelo, o simplemente Orlandito, como lo identificaron siempre sus seguidores, comenzó en los trajines boxísticos en 1963, bajo la dirección de Rolando Urrutia en el gimnasio Luyanó Moderno.
En realidad, el muchacho llegó al pugilismo con cierta limitación física, debido a una lesión sufrida en la clavícula izquierda producto de una caída, mientras practicaba béisbol.
Sin embargo, la circunstancia apuntada, en buena medida, contribuyó a convertirlo en un verdadero artífice de la pelea a riposta, o sea, contragolpear después del ataque adversario.
Sus desplazamientos en todas las direcciones del cuadrilátero, basados en supersónica velocidad y constante golpeo con el recto de derecha, semejaron una sombra imposible de eliminar.
Por supuesto, Orlandito no era invencible y en el accionar de una extensa carrera cayó derrotado en 15 ocasiones, pero solo una vez perdió por KO en 253 pleitos.
Esa derrota ocurrió en el primer asalto y la hazaña pudo lograrla en 1968 el también zurdo Luis Mariano Cesé.
Orlandito ganó el primer fajín nacional en 1964 al derrotar en la división de 51 kilos al veterano peleador oriental Rafael Carbonell.
Por motivos de enfermedad estuvo alejado del deporte activo un par de años y regresó para recuperar la condición de titular en la división mosca, al imponerse decisivamente al matancero Diosdado Ramos.
La celebración en Ciudad de La Habana del I Torneo Internacional Giraldo Córdova Cardín (1967) le permitió desquitarse del duro revés ante Cesé y, además, obtuvo el derecho a representar a Cuba en los Juegos Olímpicos de México 68.
Esa vez las cosas no salieron como esperaba y en el debut, el 14 de octubre, perdió decisión 4-1 frente al húngaro Tibor Badari.
En 1969 incursionó en la división de 54 kilos y volvió a coronarse monarca en el certamen nacional.
De nuevo entre los moscas, repitió en forma consecutiva triunfos en las ediciones del Córdova Cardín en 1971 y 1972.
Aunque peleaba en los 51 kilos, el colectivo de entrenadores de la preselección nacional incluyeron al fogoso joven Douglas Rodríguez en ese peso y pasaron a Orlandito a los 54 de cara a la versión olímpica de Munich.
Sus cuatro victorias en línea recta por fallos judiciales 4-1 a Wing Maung (BIR), 3-2 a Michael Dowling (IRL), 5-0 a Ferry Moniaga (IND) y 3-2 a George Turpin (GBR), lo llevaron directo a la final entre los gallos.
El combate transcurrió con bastante emotividad a lo largo de las tres vueltas, en las cuales Alfonso Zamora buscó de manera incesante el combate en la corta distancia, pero el cubano consiguió frenarlo desde la distancia para recibir veredicto unánime de 5-0.
Concluido el pleito, el criollo declaró en conferencia de prensa: “Ese muchacho me dio una pelea tremenda. Yo estaba convencido de que era muy bueno y en ningún momento me confié. Pude boxearle bien a la riposta y lo cruzaba con izquierdas rectas al rostro. Asimiló mucho y por eso terminó en pie. El va a llegar lejos”.
Las palabras del cubano fueron un tanto proféticas, ya que dos años después Zamora pasó al profesionalismo y el 14 de marzo de 1975 noqueó en cuatro asaltos al sudcoreano Soo Hwang Hong en el Fórum de Los Ángeles, para llevarse el título mundial de la división gallo.
Mientras tanto, Orlandito Martínez siguió en la batalla amateur y acudió a una tercera cita olímpica en Montreal (1976), donde resultó eliminado por el también sudcoreano Chul Son Hwang.