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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Roberto Balado: dar y que no me den

La breve frase, a modo de sentenciadora máxima, fue la respuesta del pugilista cubano a los reporteros, luego de imponerse 13-2 al nigeriano Richard Igbeneghu en el combate final de la división superpesada en los Juegos Olímpicos en Barcelona ‘92

Detrás de aquellas palabras aparecía su secreto para mantenerse en el codiciado nivel estelar, a pesar de las ostensibles desventajas en estatura y peso corporal ante la mayoría de los adversarios.

Para corroborar la certeza de su afirmación basta remitirse a los datos de los peleadores derrotados por él durante la cita olímpica en territorio catalán.

El primero de la lista fue el canadiense Tom Glesby (16-2), después superó al estadounidense Larry Donald (10-4) y en semifinales venció al danés Brian Nielsen (15-1).

Glesby medía 1,90 metro de estatura y pesaba 102 kilogramos; Donald, 1,88-104; Nielsen, 1,89-103, mientras Igbeneghu presentaba 1,86-103.

La totalidad de los golpes de coincidencia marcados por los jueces actuantes contra Balado en los cuatro combates (9) resultó asombrosa, pues al compararla con los conectados (54) dio una proporción de 6-1.

Muchos coinciden al destacar que la principal virtud del monarca, nacido en el matancero municipio de Jovellanos -15 de febrero de 1969-, siempre consistió en conjugar la habilidad de desmarcarse con fintas y preciso golpeo en la media distancia.

En cierta oportunidad, conversaba con Balado. Uno de los presentes, su entrenador Raúl Fernández recuerda: “Cuando me lo llevaron al gimnasio era un gordito, bastante bajito. De momento no supe qué hacer, pero al verle la disposición de ponerse los guantes con cualquiera de los muchachos, lo acepté”.

La llegada de Balado al mundo de las 12 cuerdas, en 1984, coincidió con un instante definitorio en la división superior dentro del boxeo en Cuba.

Entonces, el tricampeón olímpico y mundial Teófilo Stevenson, aunque aspiraba a una cuarta medalla de oro en citas cuatrienales, ya necesitaba el relevo capaz de continuar la senda victoriosa iniciada en Munich ’72.

Por otra parte, desde la provincia de Guantánamo llegaban alentadoras noticias acerca de un juvenil nombrado Félix Savón y en los predios camagüeyanos muchos especialistas hablaban maravillas sobre el prospecto Leonardo Martínez Fizz.

El traslado de Raúl Fernández hacia el centro de entrenamiento Orbeín Quesada, cuartel general de la preselección nacional, jugó un papel decisivo en la formación y posterior consagración de Roberto Balado.

En tal sentido, el experimentado jefe de entrenadores Alcides Sagarra apuntó: “Raúl Fernández me habló del muchacho y, sin ningún tipo de compromiso, acepté que comenzara a entrenarlo de inmediato.

“Mostró progresos y muy pronto lo suyo fue algo más que el simple aprendizaje. Ayudaba mucho en los ‘sparrings’ y no le importaba el nombre del contrario que tuviera enfrente”.

La presencia de Roberto Balado en el IV Campeonato Mundial Juvenil, celebrado en La Habana en 1987, significó un momento muy especial para el muchacho, quien por añadidura conquistó el título en la división de 91 kilogramos.

Sin embargo, la victoria significó un verdadero dolor de cabeza para el colectivo técnico de la preselección nacional, pues en dicho peso tenían como nuevo rey de los mayores a Savón, triunfante en la cuarta edición de Reno ’1986.

Algunos comentaristas deportivos del patio cuestionaron la decisión de incluir a Balado como el representante cubano en la división supercompleta del certamen mundialista de Moscú ‘89, dada su baja estatura, y apostaban por Leonardo Martínez Fizz.

La realidad competitiva desbarató las dudas. El debutante regresó con el título y mantuvo la continuidad en las siguientes versiones de Sydney ’91 y Tampere ’93.

A puñetazos limpios convenció a los más escépticos y en total cosechó 122 victorias y apenas 11 derrotas, incluida una división de honores frente a Savón. Después de su marcha sin regreso, ocurrida el 2 de julio de 1994, en lamentable accidente de tránsito, el nombre de Roberto Balado aparece inscrito entre los grandes de todos los tiempos en el pugilismo cubano.