Opciones

Semanario Económico y Financiero de Cuba

La mujer en la historia olímpica

La mujer estuvo distanciada del olimpismo moderno en sus inicios, pues su creador, Pierre de Freddy, Barón de Coubertin, lo concibió inspirado en sus predecesores de la Antigua Grecia, donde la presencia femenina estuvo prohibida.

A los primeros juegos de este tipo en 1896 no asistieron mujeres, ellas hicieron su debut en la segunda edición de estas citas, en París 1900, donde compitieron en golf y tenis.

Coubertin, progresista para la época respecto al deporte, no pudo eludir el machismo imperante y combatió durante 30 años la presencia femenina en las Olimpiadas, por considerar que su único desempeño en el ruedo de competencias debía ser el de coronar a los campeones.

Sin embargo, el francés, para quien una Olimpiada con participación de mujeres era algo impracticable e impropio, tuvo que presenciar cómo el olimpismo femenino nace a la par del siglo XX.

La jugadora de tenis británica Charlotte Cooper fue la primera mujer en coronarse campeona olímpica en la era moderna de los Juegos.

Algunos historiadores afirman, en cambio, que la primera mujer en obtener un título resultó la estadounidense Helen Pourtalés, quien integraba la tripulación del barco de su esposo, el conde suizo Alexander de Pourtalés, vencedor en la clase 1-2 toneladas. Helen, por tanto, tendría derecho a esa medalla colectiva.

Aun contemplando tal versión, Cooper seguiría siendo la primera campeona olímpica individual.

En 1904, en San Luis, añadieron para las damas el tiro con arco y participaron también en las regatas de vela y patinaje artístico en los Juegos de 1908. En la edición de 1912 pudieron competir en natación y en 1924 en esgrima.

Los dirigentes del atletismo y del Comité Olímpico Internacional (COI) que negaban la participación femenina en las disciplinas atléticas, encontraron una ferviente opositora en la francesa Alice Melliat, atleta de remo y primera de su sexo en obtener un diploma reservado a remeros de larga distancia.

En 1917, Melliat funda la Federación de Sociedades Femeninas de Francia (FFSF), que organiza a partir de 1921 olimpiadas para mujeres. En ese propio año, con el apoyo de otras naciones, crea la Federación Internacional Deportiva Femenina (FSFI).

La FSFI organizó los primeros Juegos Mundiales Femeninos en París, celebrados el 20 de abril de 1922, y la IAAF, al ver el éxito, pretende acabar esta organización incluyendo los 100 m, los 800 m, el salto de altura, el lanzamiento de disco y los relevos de 4x1000 m para damas en los Juegos Olímpicos de 1928, en Amsterdam.

Es en esa cita donde finalmente el olimpismo femenino comienza a afianzarse. Concurren cerca de 300 deportistas -casi el 10 por ciento del total- y es elevada su participación, sobre todo en el atletismo.

El crecimiento comenzará a partir de 1976 con el 20 por ciento de mujeres en los Juegos de Montreal, luego se elevó a 25 en Seúl 1988 y al 35 en Atlanta 1996.

La FSFI se disolvió en 1938, pues las pruebas femeninas se fueron incluyendo en los Juegos Olímpicos y el atletismo para mujeres se inserta con grandes éxitos en el programa de la IAAF.

Entre las féminas que han sobresalido en la historia del Olimpismo están la vallista Enriqueta Basilio Sotelo, quien en 1968, en México, fue la primera mujer en portar y encender la llama olímpica.

La estadounidense Mildred Didrickson fue la primera estrella del atletismo femenino en Los Angeles 1932, donde obtuvo dos medallas de oro.

La marroquí Nawal El Moutawakil, por su parte, fue la primera campeona individual africana y musulmana; y la rumana Nadia Comaneci, la primera gimnasta, hombre o mujer, en obtener la nota perfecta de 10 puntos, en 1976.

La mujer que ha participado en más ediciones de los Juegos Olímpicos de verano es la esgrimista sueca Kerstin Palm, quien compitió en siete ediciones consecutivas, de 1964 a 1988.

La jabalinista cubana María Caridad Colón inscribió su nombre en la historia olímpica al ser en Moscú 1980 la primera medallista de oro latinoamericana. Con ella, también por vez primera, una persona no blanca subió al podio en pruebas de lanzamiento, masculino o femenino.

Juan Antonio Samaranch, ex presidente del COI, fijó como prioridad al ser elegido en ese cargo en 1980 que las mujeres tendrían acceso a su directiva. En 1981, por primera vez en la historia olímpica, las mujeres son elegidas para tales cargos.

Las dos primeras mujeres miembros de ese ejecutivo fueron la venezolana Flor Isava Fonseca y la finlandesa Prjo Haggman.

En los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 las mujeres compitieron en 25 de los 28 deportes incluidos en el programa y en 132 pruebas, en las que representaron el 38 por ciento de los 10 382 atletas inscritos.

También en la última edición de las Olimpiadas las féminas participaron en el mismo número de deportes por equipos que los hombres.