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Carilda Oliver sigue asombrando por su proverbial lucidez

La Premio Nacional de Li­te­ra­tura, autora de Al sur de mi garganta, es conocida también por su Canto a Fidel, versos de abierto es­píritu insurrecto que pudieron costarle prisión e incluso la muerte

Aunque los quebrantos de sa­lud propios de la longevidad no la dejan andar a su antojo, la poetisa Carilda Oliver Labra sigue asombrando por su proverbial lucidez y costumbre de concebir nuevos proyectos, destaca en su portada digital el diario Granma.

“Ya apenas salgo a la calle, el cuerpo no me da pa­ra ajetreos como los de antes, pero no puedo abandonar mi obra; así será hasta que la muerte me libere de estos bellos milagros”, manifestó com­placida.

La distinguida escritora celebró este domingo su aniversario 92 en su casa ubicada en la barriada de Pueblo Nuevo, adonde acudieron amigos, intelectuales, autoridades del Partido, gobierno y de las instituciones culturales, así como sus vecinos a brindarle afecto y a ratificar la admiración que sienten por esta mujer, una de las voces más importantes de la poesía hispanoamericana des­de la segunda mitad del siglo XX.

Carilda no pasó por alto la agradable noticia que la coloca en el si­tial cimero entre los autores cubanos más leídos, según escrutinio realizado por la Biblioteca Nacional en todas las bibliotecas del país. Es un reconocimiento que me alegra mu­cho, dijo la autora del Canto a Ma­tanzas, poemario escrito hace seis décadas.

La Premio Nacional de Li­te­ra­tura, autora de Al sur de mi garganta, es conocida también por su Canto a Fidel, versos de abierto es­píritu insurrecto que pudieron costarle prisión e incluso la muerte. No creo que haya sido un poema trascendente, eso sí, está lleno de fe y de futuro, expresó tras ad­mitir que ya sería incapaz de hacer algo similar pues la “Revolución tiene la poesía que lle­va en sí, la del triunfo de las ideas”.

Se mostró feliz de los muchos privilegios que le ha deparado el des­­tino, pero confesó que nunca ambicionó durar tantos años. Quie­ro es­tar viva mientras me sienta útil, es terrible ocasionar solo pena, y no es por orgullo, es que quiero ser ge­nero­sa con los demás.