Viñales, cuna de la Guayabita del Pinar
Al cabo de una vasta historia licorera, cosecheros y fabricantes de la Guayabita del Pinar convidan hoy a brindar por su exitosa trayectoria, obtenida a partir de la fruta homónima, fórmula exclusiva de la provincia más occidental de Cuba
Cualquier nacido en la Mayor de las Antillas sabe que Pinar del Río es mundialmente conocida por dos emblemáticos productos: sus exclusivas hojas de tabaco de Vuelta Abajo y una simple frutilla, endémica del occidente insular, que año tras año merece el agasajo de sus más diestros cultivadores: la Guayabita del Pinar.
En una zona distinguida por la UNESCO como Paisaje Cultural de la Humanidad, Viñales, tuvieron lugar este año las conmemoraciones en ocasión de concluir la recolección de la frutilla que da vida al sui generis licor, en medio de bailes típicos y las siempre chispeantes controversias de los poetas repentistas.
Durante el jubileo también se produjo un desfile de modas por una improvisada pasarela y se procedió a coronar a la Reina de la Guayabita entre una veintena de jóvenes de la localidad. En tan festivo ambiente, campesinos y pueblo en general alzaron sus copas para brindar por una larga vida a esta bebida de 40 grados nombrada Guayabita del Pinar, que ya se ha ganado un espacio en los puntos de venta del Viejo Continente y de Asia.
Única en el mundo
A la sombra de los pinares característicos de las serranías pinareñas, crece silvestre la especie Psidium salutare, bautizada como guayabita por su talla diminuta, y de la cual alrededor de treinta campesinos, sobre la base de su experiencia, tienen en sus manos conservar el prestigio de la bebida y garantizar su futuro mediante una diestra cosecha y su envío a la centenaria fábrica donde surge la singular bebida, única en su tipo mundialmente y por tanto poderoso imán que atrae a diario a turistas cubanos y foráneos.
Cuenta la leyenda que desde comienzos del siglo XVI dio inicio esta suerte de maridaje entre el cultivo del tabaco y la recogida de semillas de la especie Psidium salutare; naturalmente, tampoco se conoce con exactitud quién ideo la fórmula, aunque sí hay constancia de que fue en las vegas de Vuelta Abajo, donde los labriegos precisaban de una bebida tonificante para soportar las inclemencias del tiempo durante las mañanas invernales.
Cabe suponer, entonces, que el desconocido alquimista mezcló alguna vez la insignificante frutilla con azúcar y alcohol, quizá depositó el brebaje en un ocasional tonel, y poco después se produciría el nacimiento de la futura Guayabita del Pinar.
Sin embargo, no es hasta 1892 que un natural de Vizcaya, España, don Lucio Garay, funda un pequeño establecimiento para fabricar de modo artesanal el licor, solo reservado para las personalidades ilustres que visitaban la villa.
Luego de transcurrir 120 años, la Guayabita del Pinar conserva el color y el sabor originales, elaborada hoy en las variedades dulce y seca y con la imprescindible frutilla homónima en cada botella, segura de consolidar día tras día ese maridaje entre un aromático habano y un elixir tonificante, que tanto aprecian los gourmet.