Adiós a la Diva de los pies descalzos
Conocida mundialmente por tal característica, el funeral de Cesaria Évora se realizará mañana martes en la isla caboverdiana de San Vicente, en medio de una profunda conmoción en este país por la muerte de la artista el pasado sábado
Hoy y mañana las banderas ondearán a media asta en las nueve islas del archipiélago, medida adoptada por el gobierno caboverdiano en señal de luto y respeto por la excelsa intérprete, a quines los cubanos tuvimos la oportunidad de disfrutar plenamente en septiembre de 2000.
Al lamentar la desaparición física de la cantante, el presidente de Cabo Verde, Jorge Carlos Fonseca, manifestó que Cesaria, de 70 años de edad, era uno de los mayores referentes de la cultura de Cabo Verde.
"Todo el mundo está llorando la partida de la Diva de los Pies Descalzos, ya que el país pierde a una de sus principales voces”, dijo al diario Expresso das Ilhas el ministro de Cultura caboverdiano, Mario Lucio Sousa. “Ella tenía un alma que nos representaba a todos. Era una especie de ángel de la guarda de toda la gente”, valoró.
Con un timbre de voz impresionante, Cesaria devino bandera de eterna reverencia para quienes en su país no tenían techo y vivían en la pobreza. Por esa razón subía descalza a los escenarios del mundo donde fue aclamada y, aunque su fama llegó algo tardía, se inscribió entre las cantantes más importantes de África.
En ocasión de su visita a Cuba en septiembre de 2000, momento donde grabó con Compay Segundo un inolvidable Lágrimas negras, de Miguel Matamoros, la Diva también compartió escenarios con otro virtuoso, el pianista Chucho Valdés; y durante su carrera con los brasileños Caetano Veloso y Marisa Monte, y el maliense Sakif Feita, entre otros.
Voz de Amor (2003) la consagró como artista internacional. Con él obtuvo el Grammy al mejor álbum de música contemporánea un año después, pero entre sus laureados títulos figuran La diva de los pies descalzos (1988) y Miss Perfumado (1992).Durante su breve carrera la artista vendió más de seis millones de fonogramas.
De acuerdo con quienes la conocieron, Cesaria Évora, que había nacido en Sao Vicente en 1941, tuvo siempre un carácter irreverente y un corazón extremadamente humanitario. “La crítica es libre, me da lo mismo. Cuando estaba en un bar tomándome un whisky y oía que hacían algún comentario sobre mí, me pedía uno doble, así podían criticarme tan a gusto”, comentó desenfadada en una ocasión a un diario español.
Ese corazón grande y generoso le falló el sábado último mientras estaba internada en el Hospital Baptista de Souza, a causa de una insuficiencia cardiorrespiratoria aguda y una tensión cardiaca elevada.