La magia de la danza
Otra jornada exitosa en su larga gira por México (30 funciones) resultó la actuación del Ballet Nacional de Cuba en el Teatro de la Ciudad de este importante enclave petrolero del Golfo
CIUDAD DEL CARMEN. MÉXICO.- Luego de presentarse dos noches seguidas a lleno completo en el teatro Esperanza Iris de Villahermosa, Tabasco, existía cierta expectación entre los amantes del arte de la danza, pues en fechas recientes los bailarines del Bolshoi y el Ballet de San Petersburgo que pasaron por las tablas del Teatro de la Ciudad, no habían cubierto totalmente con los pronósticos y augurios que les precedieron.
La magia de la danza, un mural compuesto por fragmentos de las grandes obras del siglo XIX, fue la entrega que trajo el Ballet Nacional, encabezado por su Prima ballerina absoluta y con la presencia en sus filas de algunas de sus figuras de más brillo como Viengsay Valdés, Hayna Gutiérrez, Yolanda Correa, Sadaise Arencibia, Víctor Gilí, Rómel Frómeta, Miguelángel Blanco y Taras Domitro, entre unos 60 bailarines.
La función comenzó con fragmentos del Segundo acto de Giselle, con Sadaise Arencibia como la noble willi enamorada; Víctor Gilí, en el Albrecht; y Yolanda Correa como Reina de las willis. El buen desempeño de los solistas y el cuerpo de baile fue inmediatamente detectado por el público en lo que devendría una función prácticamente perfecta.
Le siguieron escenas de La bella durmiente del bosque (Hayna y Elier Bourzac) y Cascanueces con Annette Delgado como el Hada Garapiñada y Taras Domitro, Su caballero.
Se produjeron los merecidos aplausos y sobrevino el intermedio, durante el cual era posible escuchar los elogios por parte del público.
La segunda parte traería consigo los momentos más excitantes para los espectadores. La iniciaron escenas de Coppelia con Viengsay Valdés en el papel de Swanilda y Rómel Frómeta como el apuesto Franz. Muy gustada resultó la mazurca que tuvo como solistas a Aymara Vasallo y Javier Sánchez. Al final, los asistentes aplaudieron y aclamaron a la pareja protagónica y el escenario quedó listo para los momentos dedicados a Don Quijote.
Muy bien estuvieron los toreros (Espada, Carlos Quenedit, y Mercedes, Karelia Sánchez) que fueron recompensados generosamente por un público que había quedado excitado desde la escena anterior. Llegó el momento del conocido pas de deux y Yolanda Correa y Miguelángel Blanco ofrecieron toda una lección de técnica e interpretación sobre el escenario. Ella como exquisita bailarina, virtuosa pero con toda la mesura de los grandes, y él, solícito partenaire y elegante bailarín. Muy aplaudido resultó el adagio y sobre ese nivel de reconocimiento transitaron las variaciones hasta llegar a la coda y los impactantes momentos de los fouettés y los giros. El teatro parecía venirse abajo, pero aún la función debía proseguir.
Eran muy esperados los fragmentos del segundo acto de El lago de los cisnes y no defraudaron a quienes esperaban por ellos. Sadaise Arencibia volvió a brillar en un ballet blanco y Elier Bourzac corroboró la excelencia de su quehacer en tanto el cuerpo de baile entregaba una labor impecable.
La escena de Sinfonía de Gottschalk sorprendió un tanto a un público que no había tenido contacto con la obra; pero ello no fue impedimento para su disfrute en un momento final donde todos los bailarines se dejaban ver sobre la escena.
Concluyó la función y los bailarines recibían el agasajo del público. Duraba ya algunos minutos la avalancha de aplausos cuando la gran Alicia Alonso salió a la escena para saludar a los presentes. Entonces, resultó delirante, la ovación ininterrumpida alcanzó unos diez minutos.
Los cubanos presentes en el teatro estábamos emocionados de una manera inhabitual. Una maestra de ballet, sentada a mi lado sentenció: “es el mejor espectáculo de danza que ha pasado por la ciudad”. A mi modo de ver, el éxito estriba en que se trata de una compañía que pasa por un buen momento, que ha encontrado los relevos adecuados y que tiene como pilar a esa gran cantera que es la Escuela Nacional de Ballet. Por otra parte, el buen gusto y medida de la magia de la danza, una obra hecha para en un sola noche, ver eso que precisamente uno más disfruta del arte del ballet. En el orden personal, este crítico asegura que la pasada función del Ballet Nacional de Cuba en tierras aztecas es una de las más brillantes que he presenciado por parte de nuestro ballet en mi ya larga carrera profesional.