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Semanario Económico y Financiero de Cuba

No todo se conoce bajo el sol

Declara Pablo César que intenta correr la misma suerte en la próxima fiesta del celuloide, con el largometraje Hunabkú

Cuando en 1993 La Habana celebraba el XV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, este reconocido director argentino archivaba en su currículo una producción de 20 cortometrajes y tres formatos en largometrajes proyectados en pantallas internacionales.

Cada uno de los materiales fílmicos de su abundante cosecha son atesorados por Pablo César, unidos a sus numerosos lauros, ganados en su mayoría en festivales celebrados en territorio africano, europeo y asiático. No obstante afirmó que los recibidos en Cuba le confieren un sentimiento especial.

Y añadió: “Te confieso que sentí una gran emoción, mis películas habían sido premiadas en varios festivales celebrados aquí en Buenos Aires y en el exterior del país. Sin embargo, recuerdo con gratitud cada detalle de aquel momento, cuando los jóvenes de la revista cultural El Caimán Barbudo y el colectivo de trabajadores de Radio Metropolitana, premiaron mi largometraje Fuego gris, como la mejor película argentina, allá en la entrañable isla de Cuba”.

Ahora, el cineasta anima sus expectativas, debido a que entre los materiales fílmicos seleccionados para la cita de diciembre en la capital cubana figura su último largometraje Hunabkú (Ellos saben que hay algo más). La cinta está realizada en 35 mm, en escenarios naturales del imponente glaciar Perito Moreno en El Calafate, provincia de Santa Cruz.

Cuando Pablo César tenía 13 años, la edad de Lucas, uno de los actores de Hunabkú, su hermano José María le obsequió una cámara Súper 8 mm y lo inició en las primeras técnicas para filmar. Ese gesto acompaña siempre a Pablo, y el principal motivo de perpetuarlo, obedece a su infinito agradecimiento al hermano que perdió cuatro años después, el cual lo indujo a forjarse un prestigioso espacio en este mundo de las imágenes.

Viaje a sus ancestros

El largometraje Hunabkú es una excelente propuesta para que el hombre inicie una reflexión, vuelva su mirada hacia su semilla y no quede atrapado en las redes de una sociedad consumista.

El filme seduce con su impecable fotografía, al mostrar un paisaje diferente; cuenta con una bien seleccionada banda sonora, unido a su bien pensado guión y a la actuación de un elenco descollante.

Son las herramientas utilizadas por su director, Pablo César, para alertarnos acerca de las consecuencias del olvido y señalarnos el camino hacia la recuperación de la fuerza vital, de la memoria ancestral subyacente en el hombre, y en cada proceso de la naturaleza, que se nos muestra a toda piel, sin afeites ni ambages.