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Semanario Económico y Financiero de Cuba

“La vida me ha dado dos grandes privilegios”

Diferentes proyectos, materializados en asesorías y revisiones de tesis, conferencias en Cuba y en el extranjero, curadora de la Colección Alejo Carpentier desde 1971, hasta presidenta del Consejo Asesor de la BNJM y su jefa de Investigaciones

Pocas veces en mi andar por las pistas del Periodismo he hallado un ser donde, por excepcional química, comulguen sencillez y sabiduría, modestia y talento, y sobre todo una absoluta entrega al doble magisterio que significa enseñar en un aula o desde su reducida oficina de la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM).

Hasta que leí el currículum vitae de la Dra. Araceli García-Carranza Bassetti, Premio Nacional de Investigaciones Culturales 2004, me parecía imposible que una persona pudiera acometer, en una sola vida, tantos y diferentes proyectos, materializados en asesorías y revisiones de tesis, conferencias en Cuba y en el extranjero, curadora de la Colección Alejo Carpentier desde 1971, hasta presidenta del Consejo Asesor de la BNJM y su jefa de Investigaciones, pasando por los de dirigente administrativa durante veinte años.

-¿Dónde nació y cuáles fueron los primeros vínculos con las letras?

-Nací en Guanabacoa, tierra o lugar de aguas, palabra de origen indígena (siempre he pensado que el agua es algo maravilloso, lo más bello de la Naturaleza), en el seno de una familia con inquietudes culturales. Mi madre apenas había cursado el séptimo grado, tocaba piano de oído y escribía poemas.

“Mi padre fue un médico extraordinario. Frente a un pizarrón verde situado en el comedor de nuestra casa nos repasaba, a mis hermanas y a mí, todas las asignaturas del bachillerato, y hasta nos recitaba de memoria páginas enteras del libro de Historia de Cuba por el cual estudió. Sabía lo mismo de Medicina que de otras ciencias, y le fascinaba hablarnos de los grandes de la literatura cubana del siglo XIX.

-¿Qué la hizo inclinarse hacia la investigación cultural y cuándo ocurrió esto?

-Fui una buena estudiante, más que todo por complacer a mi padre. En 1962, a raíz de doctorarme en la antigua Escuela de Filosofía y Letras, supe que podía trabajar en la Biblioteca Nacional. Ejercía como maestra desde antes, pero me entrevisté con la doctora María Teresa Freyre y me aceptó.

“Empecé en la Biblioteca el primero de febrero de 1962, y resultó como un remanso y un despertar a mi verdadera vocación. Aprendía -y sigo aprendiendo- con facilidad, y a la vez ejerzo como maestra cuando satisfago necesidades de conocimiento u oriento tareas bibliográficas.

“Ahora bien: llegué a la investigación cultural cuando Cintio Vitier me pide en 1969 que compile la bibliografía del Maestro para el Anuario Martiano de la otrora Sala Martí. Poco después, a instancias de Sidroc Ramos, compilé la obra de don Fernando Ortiz”.

-¿Cómo valora usted el hecho de haber merecido el Premio Nacional de Investigaciones Culturales?

-Lo aprecio sobremanera, en medio del asombro y la sorpresa, por lo inesperado. Agradezco de todo corazón a quienes, de una manera u otra, decidieron otorgarlo a mi vida y a mi obra. Creo que muchos lo merecen y muchos han hecho posible que yo lo obtenga. El premio es también de mi hermana Josefina, colaboradora imprescindible en varios de mis repertorios bibliográficos. Pero siento que se multiplica en los cálidos abrazos de colegas y amigos, en las sinceras felicitaciones y la alegría de muchos; en fin, es un premio compartido con quienes me han ayudado a lograrlo y con quienes me dan su visto bueno”.

-¿Desde cuándo se dedica al magisterio y qué ha significado para usted?

-Fui maestra de Primaria y de Secundaria desde 1956, y posteriormente de la Universidad de La Habana como Profesora Titular Adjunta en distintos períodos de mi vida. Es innegable que frente al aula, el maestro enseña y aprende. Es un ejercicio muy noble, una trinchera de amor, pero yo escogí, por vocación, el magisterio del bibliotecario.

-Visto desde el tercer piso de la Biblioteca, ¿qué proyectos acaricia a corto y mediano plazo? ¿Se siente inconforme por no haber materializado algo que hubiese querido hacer?

-Proyectos, muchos. El trabajo bibliográfico es infinito... ¿Inconformidad? No tener otra vida para continuar, y no haber hecho mucho más en esta. Pero seguiré... ¿Cuántos años más? No sé. Veremos.

-¿Qué le sugiere el nombre de Julio Domínguez?

-Conocí a Julito el 15 de mayo de 1962 y nos casamos el 17 de febrero de 1963. Y como dijo hace poco Cintio Vitier de Fina García Marruz, seguimos siendo novios, y seguiremos así por toda la eternidad. Julio ha sido lo mejor y es lo mejor de mi vida, es un hombre extraordinario. Como usted ve, la vida me ha dado dos grandes privilegios: tener el mejor marido del mundo, y ser bibliotecaria.