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Edel y "Los rostros de la ciudad"

A casi un año de su última exposición personal, en la Tienda Galería BISART de Teniente Rey, en La Habana Vieja, nuevamente Edelberto Alonso del Busto, Edel, (La Habana, 1954), nos toma de la mano para que volvamos a transitar por los recoletos rincones o los espacios abiertos de su amada ciudad.

A casi un año de su última exposición personal, en la Tienda Galería BISART de Teniente Rey, en La Habana Vieja, nuevamente Edelberto Alonso del Busto, Edel, (La Habana, 1954), nos toma de la mano para que volvamos a transitar por los recoletos rincones o los espacios abiertos de su amada ciudad.

En esta ocasión la Maqueta de La Habana, que por cierto continúa llenando un segmento cada vez más importante en la cultura capitalina, ofreció sus paredes para la muestra, inaugurada el pasado 9 de abril último y que permanecerá abierta al público hasta los primeros días de mayo.

La licenciada Rebeca Lores Rodríguez, especialista principal del centro, corrió con la presentación de la obra de Edel, destacando que es “un retratista por excelencia de los rostros de la ciudad vieja, nuestra querida vieja Habana, su malecón, sus calles, una esquina común pero con identidad propia, expresando todo con sus cada vez más certeras paletadas”.

La oradora enfatizó que “a través de la espátula, Edel plasma lo mismo que ese otro enamorado del casco histórico y sus alrededores, Gerardo Alfonso, lleva al pentagrama, y por tanto dejaremos inaugurada la muestra a los acordes de Sábanas blancas y su más reciente La Habana llena de gente”, concluyó.

El pintor inició su tránsito hacia el arte como diseñador, rotulista y fotógrafo. Armado de tales conocimientos técnicos, saltó al escenario pictórico en 1991, con Paisajes que recuerdan, exhibida en el Museo Municipal de 10 de Octubre. En 1993 su obra cruza el Atlántico y lo vemos exponiendo en Sevilla; con posterioridad incursionó de manera personal en galerías de Cádiz y Barcelona, mientras que en muestras colectivas lo hacía en otras naciones del Viejo y Nuevo Continente. Asimismo, lienzos suyos se encuentran en colecciones particulares de Francia, España, Estados Unidos, México, Finlandia, Puerto Rico, Alemania y Gran Bretaña.

Sobre el artista, extraemos esta valoración del pintor y periodista Rodolfo Peña Mora, aparecida en la revista Mar y Pesca (No. 313, febrero 1999): “Muchos de los coleccionistas que han adquirido sus pinturas se han convertido en espontáneos propagandistas de su talento, y han querido conservar imágenes artísticas de nuestra ciudad (o de nuestro paisaje), no siempre recogidas fielmente por las postales -por bellas que sean- para recordar algo del color local que tanto los sedujo. Pero, naturalmente, en esos cuadros elaborados con espatulazos certeros, más allá del reflejo de nuestra identidad, palpita el eco humanista y universal del protagonismo de la gente que habita nuestras casas y pulula en las calles”.

La pintura de Edel es como su temperamento: apasionado. Quien llegó al difícil oficio luego de haber visto el mundo a través de un visor, debía sentirse inclinado a la reproducción fiel de lo percibido. Por el contrario, este hombre que anda y desanda la ciudad imprime en sus lienzos -accidental o deliberadamente- alteraciones de las perspectivas, postergando a un segundo plano el toque costumbrista.

Al reseñar su exposición en BISART, escribí: “El definido nivel técnico, pictórico y estético de Edel, sin dudas ahora mucho más maduro en el empleo de la espátula, queda evidenciado en cuadros que navegan entre lo real y lo imaginario, así como el derroche de color a los elementos situados en un mismo plano, donde prevalecen azules, naranjas y sienas”.

Vale reconocer que en el breve lapso mediado de una muestra a la otra, el pintor ha “crecido” en todos los órdenes. Fachadas del Malecón (óleo/tela de 1 x 82 m), y El camello amarillo (óleo/tela, 46 x 31 m), por solo citar dos obras, evidencian que vamos tras las huellas (en este caso de sugestivos colores e impactantes trazos) de un hombre que se renueva y se retroalimenta de esa realidad que se respira en La Habana nuestra de cada día, por la cual Edelberto Alonso del Busto se pasea, pupila alerta y paleta en ristre, a la caza del detalle, por ingenuo o común que parezca, y que una vez plasmado en el lienzo, dará a luz otra muestra de talento.