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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Producción de alimentos, con sentido común

La estrategia de recuperación enfocada en producción de alimentos incluye no solo directivas para los diferentes renglones, sino también eliminar restricciones que frenan el desarrollo de las fuerzas productivas

La estrategia económico-social para el impulso de la economía y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la Covid-19 adoptada por la Mayor de las Antillas en julio pasado tiene 16 áreas claves. Como las personas se alimentan todos los días y más de una vez, no es raro que la primera de estas sea, precisamente, la producción de alimentos.

“Cuba es un país agrícola, por tanto es preciso revolucionar las formas de gestión y financiamiento de la agroindustria. Asimismo, se debe hacer coincidir intereses económicos comunes de todas las formas de gestión para inversiones que logren máxima utilización y mejoramiento de las tierras, tecnologías y el equipamiento”, señala el documento.

Por otra parte, indica, es imprescindible que los productores agropecuarios tengan la autonomía necesaria para sembrar y cosechar, así como potenciar todas las formas de propiedad y gestión en la producción de alimentos.

Para obtener mayores volúmenes de hortalizas, viandas, granos, frutas, ganado menor y acuicultura, con el mínimo de recursos de importación, es urgente impulsar el autoabastecimiento municipal de productos agropecuarios, ese que está más cerca de los barrios, las comunidades y los consumidores, como una forma de mirar más certeramente a la demanda local.

En medio de la actual coyuntura financiera del país y el contexto internacional, se promoverá la siembra diferenciada y preferencial de los cultivos más rústicos de ciclos largo y corto, fundamentalmente aquellos más demandados por la población, que requieren menos insumos y aportan mayor rendimiento agrícola. Entre esos se encuentran yuca, plátano, malanga, boniato, calabaza, maíz, pepino, habichuela y quimbombó.

En cada caso, se ha orientado garantizar cantidades específicas de hectáreas por habitantes. Por ejemplo, en el plátano y la yuca, deberá garantizarse la siembra de una hectárea de cada uno y disponer de 13,42 hectáreas (ha por cada 1 000 habitantes; en el boniato, la siembra mensual de 1,2 ha por cada 1 000 y en la malanga, sembrar y disponer de dos hectáreas por cada millar de personas.

Por supuesto, estas aspiraciones no vendrán de la nada. Esto implica la estrategia de intensificar la atención a las áreas o fincas de semillas de los diferentes cultivos, para incrementar la producción con calidad de semillas agámicas, botánicas y biotecnológicas, alcanzando en corto plazo el 68 % de semillas certificadas y llegar progresivamente hasta 85 %.

A su vez, se requiere y se promoverá priorizar los insumos para las producciones de arroz, frijoles, maíz, plátano, tomate, papa, huevo y carne de cerdo; así  como para los productores que logren los mejores rendimientos.

En la producción ganadera y acuícola

Las necesidades de alimentación de las personas demandan también de la producción de alimentos proteicos que aseguren una adecuada nutrición, deuda pendiente de la agricultura, que hasta ahora se ha cubierto a niveles mínimos con importaciones, fundamentalmente de carne de aves.

Ahora, mediante la nueva estrategia, se persigue recuperar y construir nuevos módulos pecuarios en todas las empresas, unidades empresariales de base (UEB) y cooperativas, incorporando las especies avícolas (carne y huevos criollos), porcinas, ovino-caprino, cunícula; así como las microvaquerías, con el fin de incrementar la elaboración de carnes procesadas como embutidos y otros conformados.

Sin embargo, la ganadería constituye un ciclo inviolable, uno de cuyos eslabones esenciales, la base alimentaria, hasta ahora también se cubría con importaciones. Garantizar el sustento animal es entonces el primer paso. El país requiere incrementar la producción nacional de alimento para los rebaños, en especial, aprovechar todas las posibilidades que brindan los avances del Programa de Plantas Proteicas.

Igualmente, en el caso de la porcicultura, es preciso ejecutar el programa de siembra de yuca, con el objetivo de alcanzar unas 42 250 hectáreas y lograr producir 845 000 toneladas de alimentos. Por otra parte, con igual fin, debe garantizarse la extracción y uso de los subproductos del grupo empresarial azucarero Azcuba y de los desechos sólidos y líquidos que generan el turismo, el consumo social y la industria nacional, así como la recolección de los residuos de cosechas agrícolas.

Se proyecta también iniciar gradualmente un proceso de concentración de la producción lechera, así como aplicar medidas económicas, financieras y de mejora de infraestructuras que propicien en el mediano plazo la recuperación de la masa bovina.  Por otra parte, se prevé fomentar el desarrollo de la piscicultura en los embalses de la agricultura y otros espejos de agua del país, lo que tributaría a mayores capturas y a cubrir demandas de dietas médicas y de comercialización para la población en general.

El maná lleva medidas

Ciertamente, obtener niveles productivos superiores implicará la adopción de medidas para eliminar las restricciones que frenan el desarrollo de las fuerzas productivas. Por eso se promueve, para los productores agropecuarios, la obtención de liquidez en divisas convertibles mediante la exportación y las ventas en frontera de sus producciones (turismo, empresas estatales exportadoras, ventas a las cadenas de tiendas que operan en moneda libremente convertible y la Zona Especial de Desarrollo  Mariel).

No pocas de las líneas de trabajo trazadas tienen que ver con la tierra: agilizar la puesta en producción de tierras que permanecen ociosas o deficientemente explotadas, entregar en usufructo áreas deficientemente explotadas, ampliar las áreas a quienes utilizan adecuadamente las tierras de que disponen y se interesan por incrementarlas, así como rescindir la tenencia en usufructo por mal uso, poco aprovechamiento o bajos niveles productivos.

Por otra parte, se indica aplicar alternativas que agilicen la entrega de tierras a los solicitantes para su explotación inmediata, mientras se realiza el trámite para su entrega en usufructo, así como otorgar, bajo condiciones especiales, áreas reservadas para programas de desarrollo y que demora su puesta en explotación.

No menos importantes es resolver definitivamente el problema de impagos a los productores agropecuarios, para asegurar un mayor incentivo y evitar desbalances financieros. Al respecto, se enfatiza en que las formas de comercialización que no puedan solucionar este problema deberán desaparecer y solo operarán en el mercado formas de comercialización, estatales o no, que garanticen cobrar y pagar por los productos que adquieren.

Todo ello demandará igualmente perfeccionar la gestión organizacional de quienes intervienen en la producción de alimentos, así como de otras ramas que necesariamente requieren de integración sistémica y optimizar  el modelo de gestión del sector agropecuario, y así lo ha dejado claro la estrategia.

Esto incluye transformar el papel de la empresa estatal en la agricultura, racionalizar este sistema y crear mejores condiciones para el desarrollo de las restantes formas que conforman la base productiva; restructurar el esquema institucional del Ministerio de la Agricultura, principalmente en lo funcional, como parte del proceso de perfeccionamiento y trabajar intencionadamente la capacidad de gestión y autonomía de las diferentes formas productivas: Cooperativas de Producción Agropecuarias (CPA), de Créditos y Servicios (CCS) y Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), con el objetivo de dotarlas de mayor y real autonomía.

Dentro de la estrategia se incluye igualmente incrementar y consolidar las minindustrias para procesar productos agropecuarios con destino al autoabastecimiento municipal, así como acelerar la gestión, concreción y ejecución de los proyectos de inversión extranjera priorizados (pollo, cerdos, agroindustria de frutas y vegetales y la ganadería bovina).

Eslabón esencial

Como se ha reiterado desde hace unos años, una de las prioridades del país es el desarrollo de las exportaciones y su encadenamiento con los productores agropecuarios y la industria nacional, para los fondos exportables, frutas, vegetales, tabaco, carbón vegetal, café, cacao, productos apícolas y otros, sobre la base de financiar los gastos con los ingresos por exportaciones de los propios productos.

Esa intención que hasta ahora no ha logrado los resultados esperados, ha tenido una mayor intencionalidad en los tiempos de la Covid-19, que llevó a empresas comercializadoras de productos del agro a buscar nuevas vías para trasladar sus surtidos, redireccionar algunos envíos hacia otros mercados, ante las cancelaciones de pedidos, motivados por cierres de actividades comerciales, así como incentivar entre los productores un incremento de los estándares para abrir caminos en los mercados, aun tambaleantes por los efectos de la pandemia.