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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Hacer una agricultura moderna

Para elevar la producción de alimentos que necesita el país, al sector agropecuario cubano le espera un camino de modernización

Al marabú le han llegado contrincantes. En los campos de la Empresa Agroindustrial La Cuba, en Ciego de Ávila, un potente equipo lo corta y reduce a algo práctico: biomasa para plantas bioeléctricas. Otra máquina le sigue los pasos, preparando el suelo para recibir allí cultivos.  Mientras, en el centro del archipiélago, en tierras arroceras, equipos láser nivelan el suelo, como un método de aprovechar eficientemente el agua.

Hacia estos caminos de tecnología –que casi parecen ficción-, se dirige el sector agropecuario cubano, comprometido con obtener incrementos productivos reales que permitan abastecer mejor las mesas de los hogares y también de centros laborales e instalaciones turísticas, y al final, reducir la abultada factura de importaciones.

En ese empeño son piezas claves las nuevas tecnologías de la informática, la mecanización, industrialización,  la apropiación de los principios de las energías renovables –atemperados a la aspiración del país -  y la formación de quienes a lo largo de la cadena deberán conducir los procesos hacia el desarrollo.

Para José Suárez León, director general de ingeniería agropecuaria del Ministerio de la Agricultura, la nación tiene que dar un salto tecnológico con el fin de elevar los niveles productivos. “Estamos trabajando para que todos los procesos agrícolas se conviertan en agroindustriales, que empiecen en el campo la producción de materia prima y terminen en la industrialización, pasando por el control del combustible, la eficiencia del transporte, la agricultura de precisión, las mejoras de los suelos y la automatización del sector, entre otros aspectos”.

Un año para recordar

En 2018, explicó Suárez León, esa dirección se concentró en guiar las pruebas al complejo de máquinas por todos los cultivos, por ejemplo, la totalidad de batería de equipos que va a trabajar en el arroz, desde la nivelación y preparación de tierras, fertilización, cosecha, transportación y el proceso industrial. Así ocurrió también en el frijol, con el equipamiento que abarca desde la siembra, mecanización, cosecha, clasificación y secado a escala industrial, la miel y el tabaco, “siempre con máquinas más capaces y que garantizan mayor calidad en cada una de las actividades”.

El Instituto de Investigaciones en Ingeniería Agrícola, dijo el Director de ingeniería agropecuaria, está validando los tractores y tecnologías que se van a ir introduciendo. “Una vez evaluados por el Instituto, de conjunto con profesores y estudiantes de universidades que participan, se intropducen a pequeña escala, se les hace una nueva comprobación, para posterioremente decidir su introducción a gran escala”.

De acuerdo con Suárez, en los últimos tres años se ha producido una entrada de tractores a la Isla, alrededor de 4 000, de diferentes países y potencias, desde 25 caballos de fuerza (HP) hasta entre 180 y 220 HP. “Al país han entrado también nuevas tecnologías para la cosecha del marabú y se están probando, una trabaja en el corte de esta especie invasora con destino a las plantas bioeléctricas, y otras, al corte y desinfección de los campos. En la Empresa Agroindustrial La Cuba, con estas máquinas se han desmontado ya unas 1 000 hectáreas de unas 3 000 previstas, para sembrar detrás cultivos varios y pastos”.

Lo primero es lo primero

A juicio de Suárez, el mayor reto que tiene la Dirección de Ingeniería Agropecuaria “es lograr un uso adecuado del fondo de tierras del país con un complejo de máquinas adeduado a cada una de las labores y una utilización eficiente de los recursos naturales agua, suelo, bosques y combustible. En síntesis, es producir eficientemente con todas las tecnologías con el uso óptimo de la transportación, la maquinaria y el riego”.

Para darle un vuelco a la agricultura debe empezarse a trabajar diferente y ese es el rumbo de la Dirección de Ingeniería Agrícola. Recientemente, el balance del desempeño de 2018 incluyó capacitación acerca de los sistemas informáticos como herramienta de trabajo para directivos estatales que atienden las actividades de control de la tierra, suelos, energía, tansporte, industria, mecanización y riego; el análisis de las políticas de la mecanización, el riego y el abasto de agua a la  ganadería, para las cuales están aprobadas las políticas y se trabaja en las regulaciones que al respecto saldrán próximamente y que, según Suárez, “hay un grupo de decisiones sobre mecanización, riego y drenaje, con cosas muy novedosas, incluida la las ventas de tractores,  entre otras”.

Como parte del intercambio de trabajo, se visitaron los lugares donde se puede apreciar el avance de la energía renovable en al agricultura, la utilización de la biomasa en el secado y curado del tabaco, la conducción del sol en el secado de las plantas medicinales y granos, el bombeo de agua mediante paneles solares, las nuevas tecnologías de la mecanización y el riego, la participación del Instituto de Ingeniería Agrícola, que atiende el agua y la mecanización, y del Instituto de Suelos, responsable de la investigación en ese campo.

Detrás de todo eso, deben estar las personas que hacen realidad las proyecciones de desarrollo hacia 2030. Con ese fin, la dirección trabaja en “sembrar” a quienes estarán detrás de los procesos. “Al balance trajimos a profesores y alumnos de todas las universidades del país con carreras afines a la agricultura, tenemos un vínculo estrecho para ir actualizándolos con las nuevas tecnologías, de manera que puedan ir a los estudiantes, pues son máquinas complejas, con elevado automatismo, como sucede en el mundo.

Entre los elementos primordiales que se trazan para el devenir agropecuario cubano está el incrementar al menos cinco alumnos por municipios en las universidades del país en las especialidades afines, al igual que el fortalecimiento de la infraestructura docente.

Prioridades del 2019

Lograr el desarrollo sosteniblle de la ingeniería agropecuaria mediante el ejercicio de la influencia estatal en la aplicación de las politicas aprobadas en aspectos como la mecanización, riego, industria, control de la tierra, suelos, fertilizantes, transporte y energía, para el fomento del sector agrario cubano, es el primer punto de los objetivos de la Dirección de Ingeniería Agropecuaria del Ministerio de la Agricultura.

En las líneas de trabajo esenciales están también implementar los sitemas informáticos como herramientas para el control estatal del registro de la tierra, los tractores, el suelo y el uso del combustible, así como incluir que las producciones agropecuarias cierren ciclo en la industria, todo esto con aplicaciones de fuentes renovables de energía y la automatización de la mayoría de los sistemas.

Al extenderse la utilización de las tecnologías de la informática y las comunicaciones, se proponen también avanzar en las bases de transporte bajo el sistema de gestión y control de flota (GPS) en busca de lograr el ahorro energético y el control de los medios automotores.

Para el uso eficiente del agua, durante el año deberán reducirse el consumo en el arroz, a partir de mejoras de campo en cerca de 3 000 hectáreas, ejecutar mantenimientos y rehabilitación de canales  de riego y drenaje, así como en la actividad porcina y en cultivos como tabaco, plátano y frijol

En la actividad relacionada con este recurso, se prevé también elaborar el mapa digital hidráulico y de la infraestructura de canales, riego, embalses y polos productivos y lograr que la totalidad de las entidades y usuarios que vierten aguas residuales contraten los servicios para su tratamiento.

En el tema de suelos, además de exigir el cumplimiento del marco regulatorio dirigido a potenciar la conservación, mejoramiento y manejo sostenible, el control de la fertilidad, los fertilizantes y los laboratorios, deberán beneficiarse 82 860 hectáreas de superficie agrícola, de esas más de 20 000 en cuencas hidrográficas de interés nacional y 13 690 en áreas del Plan Turquino; atender la implementación del plan de manejo en 100 polígonos a nivel nacional, de los cuales 58 se corresponden con aspectos de la Tarea Vida (Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático), lograr la producción y aplicación de cerca de 10 000 toneladas de minerales técnicos, beneficiar cerca de 3 000 hectáreas de suelos ácidos, producir 97 475 toneladas de humus de lombriz, 514 000 de compost, 28 428 metros cúbicos de sustrato y realizar estudios y mapificación de suelos.