Opciones

Semanario Económico y Financiero de Cuba

Don Alejandro Robaina y su satisfacción mas plena

En el centenario de su natalicio, el semanario Opciones, a modo de homenaje, reproduce aquel inolvidable diálogo con tan excepcional veguero pinareño

Don Alejandro Robaina Pereda, único veguero cubano que en vida tuvo el privilegio de que una de las marcas Premium de Habanos llevara su apellido (Vegas Robaina), hubiera celebrado por todo lo alto su centenario este 20 de marzo y, de hecho, lo estamos conmemorando.

A modo de homenaje a tan digno cubano reproducimos parte de aquel inolvidable diálogo con Robaina sostenido una invernal mañana de febrero de 2003, en su finca del barrio Cuchillas de Barbacoa, en pleno macizo tabacalero del municipio de San Luis, en la provincia de Pinar del Río.

Entonces, cuando lo conocí personalmente, Robaina Pereda ya era un hombre famoso. Jamás he olvidado su rostro curtido por el duro trabajo de campo, donde afloraba de inmediato la bondad que caracterizaba a ese experimentado cosechero de tabaco, cuyo nombre le daba la vuelta al mundo como distintivo del afamado torcido cubano.

Llegar hasta él no fue difícil. Solo pronunciar su nombre devino brújula en el camino, guiados por tantas personas -que desde muchos kilómetros de distancia-, señalaban con lujo de detalles, a todo visitante, la ruta hacia una de las vegas productoras de capas de tabaco más peculiares de Vueltabajo.

Tras la humeante taza de café a modo de bienvenida, se inicia el diálogo con el criollo cosechero en una de las esquinas del portal de su casa. El famoso torcedor, multirrecordista Guinness, José Castelar Cairo (Cueto), que nos acompañaba en la visita, da el acabado final a un puro hecho por Yanet, nieta de Robaina -recién iniciada en el oficio-, mientras el fotógrafo Ángel
González Baldrich, fallecido en el año 2008, guardaba para la posteridad imágenes del momento.

Aquel día escuchamos decir a Don Alejandro -un conversador con innata picardía campesina-, que de joven las peleas de gallos eran lo que más le apasionaba. Sin embargo, la tradición familiar de cultivo de la solanácea le exigía entonces su mayor dedicación a quien llegó a ser considerado el mejor cosechero del tabaco más famoso del mundo.

Aunque nació en el habanero municipio de Alquízar, el 20 de marzo de 1919, Robaina siempre se consideró natural de Cuchillas de Barbacoa, porque allí pasó la mayor parte de su niñez, en pleno corazón del macizo tabacalero pinareño, “donde aprendí todo sobre el tabaco”.

Fue a mediados del siglo pasado cuando recibió honores por su desempeño, los cuales se incrementaron a partir de 1997 cuando nace la marca Vegas Robaina, inspirada en su persona.

En 2002 obtuvo el premio Hombre Habano del Año en la categoría de Comunicaciones, aunque cuatro años antes fue seleccionado como Mejor productor de tabaco de Cuba, por sus sobresalientes cosechas, sobre todo en materia de capa para los puros de exportación.

Dedicado en cuerpo y alma la aromática hoja, consideraba que su vida y su alegría estaban vinculadas a este producto, joya vegetal cubana que otorga sello de oro y conocimiento a cualquier fumador en los cinco continentes.

Convicción de familia

“Todas las tardes, después de la comida -confesó- tomo una copita de vino Sardá, algo muy importante que me hace sentir bien, y luego enciendo un habano, porque yo fumo desde los 10 años. Naturalmente, al principio y durante mucho tiempo lo tuve que hacer escondiéndome de mis padres.

La tradición de cosecheros de tabaco de esta familia nació en 1845, cuando el primer Robaina -quien en aquellos tiempos simultaneaba las faenas del campo con los trajines del comercio- llegó a este lugar procedente de Islas Canarias.

Don Alejandro confiesa que le gusta tomar mucho café, pero “de poquito en poquito”. Desde los ocho o 10 años, recuerda, comenzó a ir a las vegas: “Aunque sin obligaciones todavía de trabajo, seguía a mi padre en el surco. Allí cogía una de aquellas marugas (instrumento antiguo para regar fertilizantes en los sembrados) e iba hoyo por hoyo echando un polvo amarillo llamado verdín”.

Tabaco siempre bueno

“Así, en la medida en que crecí fui aprendiendo todos sus secretos. Este es un cultivo que exige mucho trabajo todos los días, porque no se puede perder ni un minuto en su atención si se quiere tener una buena cosecha, aunque estas son tierras muy buenas, y también lo es la temperatura en esta provincia.

“No creo que sea por gusto que constituya la tercera generación de una familia dedicada toda una vida al tabaco, que sigue haciéndolo con mucho amor y ha sabido mantener la tradición. Sería una traición a mi abuelo si no lo hiciera así, con el mismo amor que inculco a mis hijos, nietos y bisnietos.

“Mi padre no fue tan famoso -reflexiona- ni publicado como yo, pero en los años 40, 45 y 50 (del pasado siglo) por lo menos en el territorio ya se le conocía. En esa época el quintal de tabaco en rama que él vendía valía 20 pesos más que el de cualquier otro productor de nuestra provincia, incluso que el de los mejores cosecheros.

“Nuestras hojas fueron siempre de muy buena calidad y quienes las compraban decían que les daban mejores resultados. Hasta algunos compradores medio tramposos adquirían nuestro tabaco de sol y lo convertían en capa para sacarle más ganancia. Ya desde 1898 Papá producía tabaco para capas, aunque no en grandes cantidades.

“Entonces lo tapaba con guano, que era la forma en que se hacía antiguamente. También volvió a realizarlo alrededor de 1910 y creo que de ahí creció la tradición de la familia”. Especializado en la producción de capas, en épocas pico de zafra cuenta con alrededor de 80 trabajadores, muchos son familiares y otros obreros agrícolas, para la atención de unas 15 hectáreas, donde cosecha alrededor de 280 quintales de hojas de tabaco de alta calidad por año.

Y es que para Robaina no ha habido producciones malas desde 1944, cuando fuertes vientos derribaron todas las plantas en su momento óptimo. Según él las condiciones han cambiado mucho y ahora se emplean técnicas de cultivo más avanzadas. Pero no se confía en eso.

“Uno debe ser -subraya- muy buen observador del tiempo. Por ejemplo, hoy tenemos un día precioso, pero debemos estar seguros para mañana. Siempre insisto en que se abran bien las zanjas de
desagüe. Hace unos días cayeron 120 milímetros de agua aquí, en San Luis, y no sufrimos daños gracias a que fuimos previsores”.

Esa precisión puede explicar por qué las plantaciones de Robaina logran resultados muy por encima de la media nacional. Sus cosechas han sobrepasado 80 % en capas o rendir hasta 720 quintales por caballería, cifra récord.

Sobre la marca de habanos que lleva su nombre comentó: “Es una gran satisfacción que me eligieran entre tantos productores buenos que tiene este país. Eso es algo muy grande, porque veo que nuestro gobierno lo decidió así y me hizo merecedor de ese honor.

“Creo, además, que la marca ha sido todo un éxito para Cuba. Dondequiera que voy se acepta muy bien y estoy conforme con lo que se ha hecho. Mucho contribuyó Francisco Linares (antiguo director de Habanos S.A.), quien luchó porque se creara esa marca con mi nombre y también el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, que la aprobó”.

Muchos países de Europa, Asia y América visitó Robaina, invitado por instituciones y personas relacionadas con el mundo del habano. “Siempre me atienden con mucho cariño y respeto. Son cosas que me estimulan y animan para seguir viviendo, incluso después de muerto pienso que viviré en el recuerdo de muchas personas”, concluía.