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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Retos de la caficultura cubana

Las proyecciones en este cultivo del Grupo Empresarial Agroforestal (GAF), del Ministerio de la Agricultura (Minag), son aún mayores, pues aspira a alcanzar 30 000 toneladas del grano en 2030

Incrementar anualmente la producción de café para llegar a 17 000 toneladas en 2022 constituye uno de los principales retos en la rama, comprometida con la recuperación de este tradicional rubro de exportación de Cuba.

Las proyecciones en este cultivo del Grupo Empresarial Agroforestal (GAF), del Ministerio de la Agricultura (Minag), son aún mayores, pues aspira a alcanzar 30 000 toneladas del grano en 2030.

Según declaró el vicepresidente primero del GAF, Arturo Forteza, con vistas al logro de esos objetivos, desde hace años vienen desarrollándose importantes actividades e inversiones para recuperar la caficultura, que ha estado afectada por adversidades climáticas como intensas sequías y huracanes.

Las producciones del grupo están destinadas fundamentalmente a la exportación, como son café, cacao, coco, apicultura -mayor fuente de ingresos del GAF en la actualidad-, carbón vegetal, resina de pino y, en perspectiva, los derivados del henequén.

El director de Café, Cacao y Coco, Elexis Legrá Calderín, precisó a la prensa que el programa de desarrollo del aromático grano incluye la instalación de 20 laboratorios, despulpadoras ecológicas, plantas de beneficio, el fomento de 10 000 hectáreas bajo riego y otras acciones esenciales.

De acuerdo con Legrá, el año anterior se produjeron en el país 6l 600 toneladas de café, cifra aún muy baja en comparación con las potencialidades y los resultados de otras etapas.

Para el presente año el plan contempla llegar a 8 100, mientras existe el propósito de alcanzar 9 000 toneladas en 2019, lo cual supone renovación de áreas, mayor productividad y aumento gradual de los rendimientos.

Se trabaja, además, en la introducción de variedades más productivas, la aplicación de modernas técnicas en los viveros de café y el incremento del número de posturas que permita “sellar” los campos, actualmente con baja población promedio.

Asimismo, se mejora el equipamiento productivo, de medios personales de protección y del transporte en la esfera con la incorporación de 50 tractores de doble tracción, especiales para las montañas, mientras que se construyen nuevos campamentos con el fin de consolidar la fuerza laboral en las zonas cafetaleras: desde 2010 se edificaron 40 y se prevé una cifra similar hasta 2030.

Además, desde 2017 se incorporaron a la actividad cafetalera empresas en el llano ubicadas en La Habana, Mayabeque, Matanzas, Ciego de Ávila, Camagüey y Las Tunas, un programa que aportará producciones en el futuro.

Objetivo esencial, estabilizar la producción

Según un informe del Minag presentado al Parlamento, la historia del café en Cuba, desde su introducción en 1748 hasta 1958, está caracterizada por grandes fluctuaciones que van, desde ser el principal exportador a Europa con 29 500 toneladas en 1833, hasta la conversión en importadores con más de 20 000  toneladas en 1920.

Fue en 1955 cuando el país adquirió definitivamente la condición de exportador, la cual había recuperado y perdido varias veces entre 1927 y 1954.

Al finalizar 1958 la producción estaba diseminada en 29 000 familias, en 168 600 hectáreas, para un promedio de 5,8 hectáreas por cada uno de esos colectivos.

En la cosecha de 1961-62 se alcanzó una producción de 60 300 toneladas (el récord en la esfera), pero en la siguiente el cultivo comenzó a declinar, hasta situarse en 1978 en 16 100 toneladas.

Cabe destacar que a partir de la década del 60 se construyeron 210 centros de beneficio húmedo y 17 de seco, tres para preparación del producto exportable, además de modernizarse otro e instalar cinco laboratorios.

Estas acciones contribuyeron a la mejora de la calidad del café destinado al consumo interno y a la venta al exterior de un producto acreditado.

Déficit de fuerza de trabajo

Las transformaciones económico-sociales que tuvieron lugar desde 1959 provocaron una disminución de la población de las zonas montañosas que emigró al llano, donde se abrieron nuevas fuentes de trabajo y posibilidades de estudio para las generaciones más jóvenes.

Tal situación influyó en el debilitamiento de la atención a las plantaciones, el envejecimiento de las áreas sin que se llevase a cabo una adecuada reposición, y deficiencias en la cosecha por insuficiente fuerza de trabajo.

Lo anterior, unido a los efectos del ciclón Flora (1963) en las principales áreas cafetaleras y cacaoteras, sequías prolongadas y otros factores objetivos y subjetivos, constituyeron serio obstáculo al desarrollo del cultivo.

Con vistas a modificar esa situación, en 1978 se comenzaron a ejecutar medidas que dieron inicio a la recuperación del café, el cual llegó a alcanzar más adelante 23 800 toneladas por año, para el 24, 5 % de incremento sobre la producción del período 1976-80.

Posteriormente se aplicó un plan de fomento de más de 48 000 hectáreas para lograr un crecimiento en la producción del 7 % anual, con el fin de cubrir el consumo interno y exportar 20 100 toneladas en 1990.

Tal programa incluyó, entre las principales medidas, la acentuación del proceso de recuperación cafetalera mediante la intensificación del cultivo en las zonas con condiciones agroecológicas más favorables, mejoras en la estructura de plantaciones y la búsqueda del completamiento de la fuerza laboral.

Sin embargo, las aspiraciones se vieron limitadas por el inicio del llamado período especial, que sobrevino tras la desaparición del campo socialista en los países de Europa del Este y de la antigua Unión Soviética, entonces los principales socios comerciales de la Isla.

El desarrollo económico de Cuba transita inexorablemente por el de la agricultura, teniendo en cuenta el gran potencial del sector y que el país importa anualmente altas sumas de alimentos (al menos 1 600 millones de dólares) que pueden producirse aquí.

Si bien se avanza en la sustitución de importaciones y hacia el fomento de las exportaciones, estas son insuficientes.

Sin dudas el GAF desempaña un papel fundamental en esos propósitos, no solo con el despegue y la recuperación de la caficultura y otras producciones del grupo, sino también por la participación que este tendrá, junto al Grupo Empresarial Azucarero, en el desarrollo del uso de la biomasa en la generación de energía renovable. (PL)