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Semanario Económico y Financiero de Cuba

Santiago de Cuba, el cerco de la Naturaleza

Los efectos acumulados de una sequía prolongada hacen mella en los 11 embalses del territorio, cuya capacidad está alrededor del 40 %

Como una verdadera bendición reciben los habitantes de la provincia de Santiago de Cuba, y en particular de esta ciudad, hasta el más tímido aguacero, como los caídos en la segunda quincena de marzo debido a un ocasional frente frío que se desplazó en las proximidades de esta geografía.

Los efectos acumulados de una sequía prolongada hacen mella en los 11 embalses del territorio, cuya capacidad está alrededor del 40 %, y se sienten en la agricultura y en los ciclos de distribución del preciado líquido a la población, que cada vez se alargan más a pesar de los esfuerzos por minimizar tan negativo impacto.

De acuerdo con datos aportados por especialistas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), esa situación afecta prácticamente a todas las provincias cubanas y ha disparado las alarmas ante las sombrías expectativas respecto a las precipitaciones en los próximos meses, pese a las previsiones del Instituto de Meteorología.

De múltiples maneras las autoridades santiagueras, y en particular del INRH, enfrentan la progresiva carencia del líquido con acciones que van desde la apertura de pozos, la ejecución de varios trasvases desde los puntos donde hay mayores reservas y nuevas interconexiones hasta la construcción de una planta desalinizadora.

Esta última, que se levanta en el punto conocido por Boca de Cabañas, en la bahía, deberá iniciar sus labores a mediados de año, y por su novedad en las inversiones hidráulicas en Cuba aportará una experiencia inédita que valdrá para el previsible enfrentamiento a estos panoramas en cualquier punto del país.

Con presas agotadas y otras con sus caudales en niveles críticos, la ciudad de más de 500 000 habitantes reedita una circunstancia que la ha acompañado, en mayor o menor medida, a lo largo de su medio milenio y se torna una paradoja tras un acueducto rehabilitado y modernizado puesto en marcha en años recientes.

En este contexto cobran mayor relevancia las exhortaciones al ahorro, tanto residencial como estatal, junto a la supresión de salideros y no se descarta la posibilidad de la lluvia provocada mediante la siembra de nubes.

Una de las fórmulas para paliar la crisis es la información oportuna y veraz a las personas mediante programas radiales y televisivos y reportes de la prensa escrita, que ayudan a la comprensión de la realidad del día a día.

De momento, las lluvias siguen escurridizas toda vez que en los tres primeros meses del año apenas alcanzan el 16 % del promedio histórico y aunque cifrar las esperanzas en algún que otro huracán entrañe quizá más riesgos que beneficios, no deja de estar en las expectativas de muchos lugareños.

De la
atmósfera a la entraña

Si bien la sequía afecta virtualmente a toda Cuba, en este territorio oriental confluyen coyunturas que pudieran ayudar a compararlo con una suerte de polígono de pruebas ante las amenazas naturales.

El ciclón Sandy, que para colmo de males apenas dejó agua a su paso, se cebó hace poco más de cuatro años con sus descomunales rachas de viento en la ciudad, con daños enormes que todavía se tratan de borrar, fundamentalmente en las viviendas, de un fondo habitacional de por sí deteriorado.

Recientemente, en otro mes de octubre, el del 2016, Matthew amenazó seriamente a esta provincia oriental y aunque el impacto se desvió hacia la vecina Guantánamo, mantuvo en vilo por días a las autoridades y la población santiaguera.

De tal manera, los peligros gestados en la atmósfera han causado intranquilidad en los últimos años y de esos sobrevino ese golpe tremendo de la Naturaleza. Solo una buena noticia se desprende de ese hostigamiento y es la elevación de la cultura popular para hacer frente a esas adversidades.

Capítulo aparte merecen los sismos, que penden cual Espada de Damocles sobre las rutinas diarias de quienes habitan estas tierras. El pasado 17 de enero, justamente a un año de la anómala situación vivida en los primeros días del 2016, otro temblor, esta vez de magnitud 5,8, reeditó el comienzo de aquellas sacudidas.

Aunque en las horas siguientes fueron unas 183 las réplicas registradas por el Servicio Sismológico Nacional, fundamentalmente en la zona de Pilón-Chivirico, en la costa sur oriental, la aparente calma volvió paulatinamente.

Especialistas del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (Cenais), explicaron que de esos terremotos, dos fueron perceptibles, unos 20 minutos después del principal, y otro a las 10:46 hora local, y ambos de 3,5 grados de magnitud.

Remarcaron, también, que fue una coincidencia la ocurrencia del evento mayor justamente a un año de aquella serie que durante nueve días mantuvo en completa agitación a científicos, autoridades y la población de la urbe.

De todas maneras y a pesar de ese ensañamiento, la vida transcurre en Santiago de Cuba de la forma más normal posible y aunque ocupar el área de mayor peligrosidad sísmica en la Isla sea un dudoso privilegio, el santiaguero ya tiene incorporado el temblor de tierra casi como parte de su idiosincrasia. Sería demasiado pedir sumar también los ciclones y las sequías. (PL)