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Semanario Económico y Financiero de Cuba

La resurrección de los piñales

El programa de desarrollo iniciado hace más de un lustro, rinde los primeros frutos en Ciego de Ávila, aunque todos claman por una mayor presencia de la llamada reina de las frutas en el mercado

Si la recuperación de la piña hubiera dependido exclusivamente de aquellas vitroplantas famélicas que un día llegaron a las tierras rojas del sur de la provincia, hoy se hablaría más de fracaso que del programa encaminado a su rescate.

La correcta manipulación es característica en el centro de beneficio, donde unas 600 toneladas de la reina "emprendieron vuelo" hacia Europa.

Tal verdad pudiera parecer demasiado cruda, pero está sustentada en que, luego de varios años de investigaciones científicas en el Centro de Bioplanta avileño, aún el territorio no cuenta con piñales nacidos en los laboratorios.

La espera de la fortuna

El rescate hubiera sido imposible sin la Empresa Agroindustrial Ceballos, con suficiente organización de la fuerza laboral y arcas para responder al desarrollo, porque la atención a los sembrados es costosa.

Poco después que la producción tocara fondo en 2007, con solo 207 toneladas (el récord data del año 1991, con 30 231,8 toneladas), emprendió el camino de la recuperación, con crecimientos sostenidos en las últimas cosechas.

Para lograrlo, los productores se vieron obligados a reorganizarse, traer hijos de la variedad española roja de otros territorios,  e importar desde Costa Rica clones de MD-2, la variedad que impera en el mundo y, también, destinada a predominar en los campos por su gran aceptación entre quienes la degustan y por el potencial productivo que sobrepasa las 100 toneladas por hectárea, aunque en el cuadrante tres, de la finca 183, en la zona conocida como Raúl Martínez, en el municipio cabecera, se ha logrado un rendimiento de hasta 125 toneladas por hectárea.

Reynaldo de Ávila Guerra, jefe de la brigada de producción de piña, explica que el programa se extenderá hasta 2018, cuando deben haber plantadas unas 2 000 hectáreas (hoy existen 68 en la parte estatal) y que la transformación forma parte del desarrollo de frutales en Ciego de Ávila. Destacó que los cosecheros superaron el plan anual para la exportación, que era de 500 toneladas, con una producción total hasta la fecha de unas 6 200, la mayor cifra del último decenio, distante aún de la demanda de la población y del récord productivo logrado a inicios de la década de los 90.

Varias familias campesinas se incorporan al cultivo, mediante un programa liderado por la entidad de Ceballos, con el objetivo de rescatar el reinado de un símbolo frutícola, llegado a tierras avileñas en el segundo decenio del pasado siglo.

Roberto Rojas Navarro, de la Cooperativa de Crédito y Servicios (CCS) Raymundo Martínez, en la zona de Gaspar, en Baraguá, fue uno de los que se resistió a que "la reina" abandonara los campos y cuando esa se transformó en humilde sirvienta, él decidió redoblar los esfuerzos para hacerla sobrevivir.

Hoy dispone de 24 hectáreas de la variedad española roja, incluido un campo con 14 años y que "todavía da buenas piñas. Esa fruta es agradecida cuando se le atiende bien", asevera.

Más al sur de la provincia, Lázaro Rodríguez Mendoza, de la CCS El Vaquerito, en el municipio de Venezuela, intenta mantener en buen estado vegetativo 175 vitroplantas de MD-2, que se encuentran en fase de campo, sometidas a prueba para su posible introducción en el ciclo productivo, algo que, por ahora, parece tener mayor validez en ideas que en la práctica.

Reyes de reinas

En toda la zona conocida como Raúl Martínez, no hay palmo de tierra, ni recodo, que no conozca la brigada de sembradores, formada por tres hombres trashumantes que permanecen doblados sobre los surcos de medio kilómetro de longitud que se le pierden a la vista y que no admiten un descanso, menos cuando el sol lanza dardos desde lo alto.

Julián Goris Aguilera -dicen que es el mejor sembrador de reinas-, Vicente Urquía Martínez y Eliecer Núñez Estrada son los mismos que plantaron 1 700 000 posturas costarricenses de MD-2, hecho que marcó el despegue.

"Ya tenemos nuestro propio material de siembra -dice Goris- y eso es importante, porque no hay que salir a buscarla a otro lugar. Estos que estamos plantando son nietos de los primeros que llegaron", afirma con la alegría de quien ve nacer a un hijo, mientras Reynaldo corrobora que disponen de los recursos necesarios para mantener vigorosas las plantaciones.

Para entonces habría sido necesario, además de la correcta preparación de tierra, hacer una buena subsolación para mejorar el drenaje, y el empleo de las dosis exactas de fertilizantes, pesticidas, herbicidas y el riego a tiempo.

Criterios cosechados a punto de mediodía, mientras el grupo de hombres sembraba nuevas áreas, validan la realidad de la recuperación, la cual nadie pone en tela de juicio; uno, que vivió los buenos momentos productivos y sufrió la debacle, puede afirmarlo.

Goris, Eliecer y Vicente hablan el lenguaje del trabajo, del buen hacer, de la piocha que encajan en la tierra. Jocosamente, comentan que es tanta la rapidez del trío, que primero siembran la mata y después abren el hueco. Los observo y me da por pensar lo mismo.

"Una hectárea de española roja lleva unas 20 000 posturas y una de MD-2 anda por las 72 000, en dependencia del marco de siembra, que puede variar con la época del año. Y nosotros plantamos esa cantidad en menos de lo que un jején se rasca un ojo", afirma Eliecer.

El asesor panameño Severo Ríos Ramos, más conocido como Bucana, asegura no haber visto otros iguales: "estos hombres son bien largos, con gran destreza y calidad en la siembra. Por ese esmero y por las buenas atenciones, puedo decir que los piñales de MD-2 aquí van camino a la recuperación y pueden compararse con los mejores del mundo. No exagero.